Etapa 21: Ponferrada – Villafranca del Bierzo

Viernes 17 de agosto de 2012: son las 6 de la mañana y le escupo a Miguel un “buenos días” de ultratumba mientras me quito una bolangana del calcetín derecho porque en verano yo duermo con caltines. Nos vestimos casi parejos en aquel barracón que ya ha empezado a desmantelarse y nos miramos sin decirnos nada como si acabáramos de conocernos. Su barba es una hiedra que cada día coloniza lugares distintos de su cara. Pero aún sé que es él. Su voz de Luis Miguel le delata: “este barracón está frío como el viento” -“Pero, ¿cuándo salimos?” -“El día que me quieras…”. Es él, no hay duda.
Me he levantado fresco, con los pies como los de Bar Refaeli. Al final de etapa los tendré como Frodo en Mordor.
Mi alter ego vocalista abandona la estancia militar y sale escopeteado dispuesto a dejar Ponferrada como se dejan tres para septiembre: sin despeinarse.
Escribiente se atuenda de peregrino y atraviesa el hangar semivacío que huele a reflex y tiene espolvoreadas por el suelo decenas de envoltorios de tiritas. Subo las escaleras y me planto a las puertas de la cocina, que está en una esquina del gran hall principal del albergue. Hordas de peregrinos vagan por la estancia con hambre y sueño, pero reparo sólo en Rokas Buciunas “Rocky”, embutido en su elástica verde chillón del combinado lituano que resplandece como si estuviera subrayada. Se afana en destripar una sandía de 8 kilos que posteriormente engulle sirviéndose de un utensilio mortífero: una cucharilla de café. Me mira, extiende la sandía en mi dirección con uno de sus brazos de acero inoxidable y apuntilla: “Me la han dao. Se iba a poner mala”. No alego nada. Sonrío, le arrebato su cucharilla y abordo el frutón con ahínco extrayendo un gran trozo que me llevo a la boca con los ojos cerrados para disfrutarlo más o eso dicen.
Salgo del albergue. Dos trozos de sandía no son suficientes para un deportista de élite del programa ADO y voy al bar de enfrente del albergue a desayunar seguramente cacao con leche, zumo de naranja y un par de bollos rellenos de perdición. Allí se citan currelas de mono que van a entrar a trabajar y algún que otro oficinista con traje EasyWear sosteniendo su cortao con sacarina y mirando las tetas de la camarera, en una bonita estampa quijano-sabinesca. Así arranca mi etapa, que culminará en Villafranca del Bierzo tras 24,1 kilómetros derritiéndome bajo el sol y contando mariposas. Fueron un total de 12 mariposas.
Tras cincuenta metros andando me reúno con mis pies, nos cantamos una de Modern Talking (“China in your eyes”) y emprendemos ya los tres el duro camino dirigiéndonos hacia el norte. Atravesamos el río Sil y el monumento a los Donantes de Sangre, dirección Compostilla y posteriormente Columbrianos. Llamo a Miguel para comprobar si este rodeo “venía en el folleto”. No volveremos a vernos hasta Villafranca. Se despide con un: “Será que no me amas”…
Toda esta comarca, en la que vive Gandalf, es conocida como la “Hoya del Bierzo” por ser una llanura rodeada de montañas. Además es pingüe en el cultivo de la vid, que es lo único que ve el peregrino, junto a su sombra. Dejo Columbrianos pasando por la capilla de San Blas y San Roque. Me pongo a pensar si recuerdo la contraseña de mi correo de la oficina y efectivamente no la recuerdo.
Pistas asfaltadas y tierra de vino me llevan hasta Fuentes Nuevas y después hasta Camponaraya. Siento la tranquilidad del Bierzo, con sus chopos altivos y expectantes, aunque el peroneo izquierdo empiece a pedir peaje. Y no llevo suelto…
Cacabelos, Santuario de la Quinta Angustia y Pieros son los siguientes acicates para el peregrino. A falta de 4 kilómeros a meta, por un camino empedrado y con el cielo azul intenso como el día de tu Comunión, dejo a la diestra un estudio de escultura que rompe la panorámica de vides y lomas.
Hace un día de cojones y estoy a las puertas de Villafranca del Bierzo. Los últimos kilómetros los hago con Nerea, de Pasaia (ver “Personajes”), a la que intercepto de forma amable: “se dice por ahí que eres las piernas del camino”, a lo que responde preguntando: “¿por lo largas?” -“No. Por lo duras…”
Comienza un combate dialéctico entre vasca y navarro-riojano que acaba en tablas y bonitos gestos de complicidad encubiertos tras insultos e inquina. Bienvenidos al norte…
Ambos llegan a fin de etapa y en una terraza de plaza verten por su gaznate sendas cervezas heladas en son de paz. Ella decide quedarse en Villafranca y no continuar como tenía previsto, ya que queda prendada de escribiente aunque lo niegue tres veces.
Ya en el pueblo hablo con Miguel por el celular. Se ha instalado en un albergue llamado La Piedra, de sábanas limpias y piel morena. Es un sitio amable, con wifi, cocina y sin colador. Llego el último, pero me han dejado la litera superior de una bonita estancia para cuatro inquilinos. Los otros dos entes además de Luis Miguel son Ricchi e Poveri (Chiara Andreini y Mara Migliorini), cuyo perfil debes visitar en la sección “Personajes”. Debes.
Nos curamos las heridas y salimos a comer. Lo hacemos en una terraza de la plaza del pueblo, bonita, soleada y llena de peregrinos que “destrozan” platos menú del día como si fueran “de su último día”. Hay hambre. Abandono la mesa para entrar al baño del restaurante. Llevo las gafas de sol asidas a la camiseta por una de sus patillas. Escribiente las deja encima de la carcasa metálica del rollo de papel higiénico porque al miccionar inclina su tronco 45 grados hacia delante como si quisiera escudriñar algún graffiti bañístico tipo “Un viejo y una vieja van p´Albacete…”, el siempre íntimo y personal “Yo corazón MariCarmen” o el noveoso “Me encanta escuchar ‘Superstitious’ de los Europe mientras hago del cuerpo”. Liberado, dejo el wc y olvido las gafas allí dentro. Salgo y me reúno con la tresena para seguir engullendo…
Volvemos al albergue y me pongo a cocinar la quinoa no sin antes percatarme de que no existe colador entre el menaje. Desde recepción el hostalero me señala una ferretería justo enfrente y allí que voy a por mi defensa del Real Madrid… Dentro, una viejecita de 140 años que me recibe como si hubiera visto a Alf se enzarza en la búsqueda del tesoro entre toneladas de artefactos antiguos (ballestas, catapultas, Iphones 4, Internets Explorers…), hasta que retorna del más allá con humo incluido, una sonrisa en su cara y asiendo en su mano levantada un magnífico colador cuyas pruebas del carbono 14 han resuelto que pudo haberse fabricado en 1630. Le dejo un maravedí de propina y un “gracias majica” que nunca falla.
Regreso a la cocina, a la que había puesto cinta policial para que nadie usara, y comienzo acompasado un baile gastronómico que durará dos horas a 180 grados fuego lento. Una sartén de color azabache y 60 centímetros de diámetro se cruza en mi trayectoria visual. Es la extensión de uno de los descubrimientos del Camino: Delphine. Gafas John Lenon, diadema Navratilova y una riñonera en cuyo interior guarda la mochila y un adoquín del Arco del Triunfo (ver “Personajes”). Amable, sensible, mística… Viene de París, andando. Y la sartén pesaba 12 kilos…
Pero mi quinoa es para mañana, no para esta noche. Hoy cocina Miguel. Se trata de un cocido madrileño que es más fácil rodear, y sabroso. Italian job, Luis Miguel, una ironwoman canadiense que acabamos de conocer y escribiente pululamos por la cocina oliendo el percal del solista. Había cola en la cocina sólo para oler.
Pero no todo fueron buenas caras un par de días atrás. 21 jornadas caminando business to business hace que en ciertos compases de la aventura se instaure en la dupla una cierta crispación, sin forma definida ni color. Porque nadie detiene palomas al vuelo, decidimos solventar las tánganas con abrazos, aunque en todas las ocasiones le hubiera mordido la yugular después de hacerle dormir en un saco lleno de migas…
Escribiente lleva mucho tiempo haciendo de coche escoba en las etapas. Pero allí, en las faldas de O Cebreiro, a las puertas del monstruo, la antesala de una de las etapas más temidas por cualquier peregrino… las cosas iban a cambiar. Duermo dispuesto a demostrarme que aún sigo en el mercado de los caminos y las piedras, en los grandes almacenes del honor… Y que a estas patas de canario le quedan muchos anillos que ponerse; y a estos pies planos muchas bambas que destrozar…

Etapa 20: Foncebadón – Ponferrada

Jueves 16 de agosto de 2012: la barba de Miguel ya es para cortacésped, para lijar fachadas o para felpudo (Bienvenido a la República Independiente de mi barba…). Ayer dio dos besos a una peregrina y le dieron 3 puntos, como al Betis. El díscolo sigue sin afeitarse por la apuesta de hacerlo sólo al arrivar a Santiago y que perdí en Burgos. Así que Georges Moustaki y servidor amanecemos en el planeta Foncebadón y nos deslizamos muy pronto hacia la puerta del roncódromo para abandonar este mágico albergue y este inolvidable enclave en la cima del mundo… (Foto cedida por Félix Baumgartner)

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En la recepción del albergue se reúnen peregrinos ávidos de salir pero aún somnolientos, comiendo alguna vianda para afrontar la subida a la Cruz de Ferro. Hemos salido a una media de 6 por hora como dos jodidos panzers y a media subida al mío se le acaba el gasoil y continúo sólo como un pan: sobao… Se me acaba el agua casi antes de empezar y podría haberme bebido mi propio sudor… Las bebidas isotónicas de ayer seguro lo han nutrido de un extra de minerales pesados que parece que cargo en la mochila…
Casi dos kilómetros después divisamos la Cruz de Ferro, minúscula sobre un poste descomunal cuyo tren inferior se hace invisible ante una montonera de piedras que peregrinos han ido apilando con el paso de los quinquenios. Te pones de espaldas a la cruz y arrojas por encima de tu hombro dicho canto a la vez que pides un deseo y evitas dejar ciego a menganito de tal… Se supone que debes traer la piedra de tu lugar de origen. Ni Perry
Al lado de la cruz una muchacha de aspecto germánico la mira entre sollozos. Quizá olvidó la piedra en casa y se plantea regresar a cogerla… Llanto entendible.
Estamos en la cúspide del Camino Francés, a 1.500 metros, en la Maragatería y a las puertas del Bierzo. Dos kilómetros más a rueda de Miguel y nos plantamos en Manjarín, un pueblo pequeño, escueto. Su cartel de bienvenida es: Gracias por visitarnos; le deseamos buen viaje. Su refugio lo regenta un caballero templario que a veces es ayudado por Murdock del Equipo A. Nos estamos miccionando encima, pero decidimos proseguir con la etapa.

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Desde aquí hasta El Acebo, siguiente localidad, hay algo así como 8 kilómetros, mitad llaneando/subiendo y mitad bajando pero observando ya Ponferrada en el horizonte.

Primero subir… (Ojo a la piedra de Carrara de 14 kilates pulida fina)

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Autorretrato para la posteridad allí arriba…

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Y después, bajar. Para ilustrarlo, attacho un vídeo-tutorial, finalista en el Decimoquinto Concurso de Vídeos “Bajada sin arneses a Ponferrada 2012”. El primer puesto quedó Palencia, digo… desierto.

La llegada a El Acebo, ya en el Bierzo, la cogemos como un capazo de gaticos coge un radiador, pero con una rasca de tres pares de cojones. Autogestionamos un homenaje de colacaos y sendos trozos ciclópeos de tarta de chocolate que engullimos como si tuviéramos mucha hambre y poco sueño. Miguel vuelve a escaparse y me quedo escribiendo hasta que irrumpe en escena la todoterreno Marta, con la que hicimos buenas migas días atrás. Esta máquina se calza 30 kilómetros sin pestañear y aún le queda estilo para ganarte a las cartas, beberse una birra más que tú y poner una sonrisa más grande que un albergue de peregrinos. Departo de este blog con ella y parto raudo siguiendo la estela de mi alter ego, que ha puesto pies en polvorones y me ha sacado medio Burgos de distancia…
Continúo solo, con mi barba creciendo al mismo ritmo que mi orgullo. Lento y constante. Arrivo a Riego de Ambrós en un día que ya es soleado cuando la marcha marca 15 kilómetros. Toca bajada ardua hasta topar con el puente sobre el río Meruelo y la entrada a Molinaseca, una encantadora localidad berciana.

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Allí caigo accidentalmente en una silla de terracita y casualmente un camarero me trae una cerveza con limón. La providencia también hizo que tuviera que pagarle. Apenas sentado llegan dos de los personajes emblemáticos de la ruta: Fabio y Riccardo, que me presentan a KwonHo Han (tenemos a los tres en nuestra sección “Personajes”), un agradable koreano metido en un traje de buzo que queda prendado de la charanga que discurre rozándonos la piel…

De vuelta al tajo decido alejarme solo y hago los últimos kilómetros colgando balones a la olla y pidiendo la hora. Sigo el río Meruelo y llego a la medieval Campo, que atravieso sin miramientos pero sudando tinta china. Llego a Ponferrada como la moto de un hippy y esto no hace más que empezar. Miguel me llama por celular y corrobora que está ya acomodado en el albergue (San Nicolás de Flüe), así que allí aparezco sudando como si fuera olímpico y con ampollas tamaño invernadero. Hay un montón de pilgrims que forman una larga cola para registrarse, pero no avanza… Es muy larga. Hay peregrinos aún en Foncebadón que ya están puestos en ella.
Esperando en la cola consigo sacarme Magisterio y hacer un curso de electricidad a distancia. Tras cuatro años en la cola, en la que me he casado y he tenido 3 hijos, por fin me toca y llego ante la voluntaria que sentada hace el registro: –Von Aunsdësch Sprïngeljander nawer?… Y pienso: normal que esto no avance. Esta tía habla alemán, pero alemán de interior, el dificilote…
Al final consigo darme de alta y accedo al interior donde una italiana también voluntaria va a hacer de guía y mostrarme el albergue. La bella Chiara se presta a traducirme lo que dice, aunque llego a entenderla vagamente cuando hablan entre ellas: –Voy a tener que sacar la fregona con lo que suda este tío….
Me acompaña a mis aposentos, que visualizo tras cruzar una puerta en el piso -1. Se trata de un barracón militar de unas quinticientas literas que se apilan con orden y concierto a lo largo de kilómetro y medio. Es un hangar. Voy hacia mi litera y me topo a la derecha con la Compañía E del 506 Regimiento 101 División Aerotransportada del Ejército de los Estados Unidos, que se juegan descamisados unos dólares al póker mientras uno escupe y les dice a los otros: – Mirad, chicos… Tenemos una nueva muñequita en la Compañía…. Después me di cuenta de que era Rocky…
Reunido ya con Miguel en Ponferrada, salimos de compras esa misma tarde para adquirir dos productos imperdibles en una peregrinación cualquiera: quinoa y mijo. Yo no gasto otros…

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Hoy me toca cocinar y voy a hacer mi especialidad: sofrito de lo que pille. Voy al súper y me surto de pavo, cebolla, ajo, tomate, un poco de tocino, un poco de velocidad, aceite, pan y vino. De postre, melón y sandía. A media tarde me hago hueco entre los 70 tíos que abarrotan la pequeña cocina del albergue, incluido a Chicote que no deja de decir “Esta cocina es un puticlub” y me hago con los aperos que necesito para cocinar. El buenrollismo santiaguero se deja de lado cuando tratas de dar la vuelta a la pechuga de pavo con un tenedor por encima de tres tíos de uno ochenta que no dejan de moverse y hacer aspavientos con una ensaladera… Finalizada la Copa Davis, salgo de la marabunta y llevo el sofrito a la terraza, donde Chiara, Mara y Miguel esperan ensalivando… Se unió también Rocky, y Fabio a los postres, en una velada memorable.

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Tras la cena, conversaciones caminiles y un buen vino, nos adentramos de nuevo en el barracón. Y de los 700 soldados que allí dormían, esa noche sólo roncó uno: el que tenía al lado. Me lo hubiera comido con patatas, sofrito, socabr#^!!!

Etapa 19: Astorga – Foncebadón

Miércoles 15 de agosto de 2012. – Luk! A baterflai (sobresaltó aquel chaval de Valladolid a aquella británica llamada Ashley). Ella: – Where!??. El vallisoletano de nuevo: – On de flor… Ashley, mirando al suelo: – I can’t see anything on the floor, dude… Por último, él: – Yes, yes… On the flor, on the jírasol. Le faltó el ole qué arte…
Me despierto en Astorga recordando con una sonrisa este genial despropósito idiomático del que fui testigo llegando a la ciudad romana. Sigo en Astorga. Generalmente te despiertas en el mismo sitio en el que te fuiste a dormir… Quisiera estar más lejos, más cerca de Santiago. Dejo esa estancia de dos literas que compartimos con la Carrá y Pausini, tono pastel…, y me arrastro hasta el baño para que mis ojos brinden con lágrimas artificiales y que mis piños sean masajeados por las cerdas de mi cepillo, las que me lo regalaron… Luego relleno con mi cuerpo la sombra de Miguel para bajar al jol y checkear por last taim que mi blog continúa siendo la página principal del navegador del único ordenador que estaba encendido. Seguía siéndolo…
Ha llovido esta noche. Normal después de la bamba y el paquito que se calzó la vedette de la orquesta Comadreja que deleitó hasta altas horas. Estoy pa suelos mojados porque ya las dos zapatillas moldean mis pies de caminante.
Me pego al compañero y vamos abandonando esta ciudad de confiterías, hojaldres, mantecadas y tengo bragas pa todos los culos… Pasamos por delante de la catedral todavía a oscuras y me detengo. A veces me paro, miro, reviso en mi mente qué significa todo esto. Y aunque transmuta el lugar, las gentes, los senderos, algo es inmutable, siempre lo es: un misterio, inmenso y plácido. Lo que no cambia es la certeza de mi ignorancia, saber que no tengo ni idea…

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Así continúo, llegando a Valdeviejas y su ermita del Ecce Homo. He aquí el hombre, y no nos lavamos las manos ni queremos pintarle la cara, sólo seguimos adelante. Recalamos en un bareto con un camarero insolente que echa pestes de un par de peregrinos. Nos bebimos la mala leche que nos sirvió en vaso corto y arrancamos de allí. Miguel antes; escribiente se quedó a dar unas onzas de chocolate a un gato que rondaba en aquella terraza. Gato, si lees esto…: abandona a ese tipo. Encontrarás mejor refugio en cualquier sitio del Camino. El Burgo Ranero, por ejemplo.
Logro alcanzar al compañero más tarde, tras el paso elevado sobre la autovía Madrid-Arteixo, una espada de hormigón y alquitrán que perpendicular hiere al Camino sin matarlo porque no existe carretera que pueda hacerlo.
Murias de Rechivaldo, Santa Catalina de Somoza… Otras dos horas a paso ligero. A veces vamos tan rápido que podríamos llegar ayer. Y sobre un monótono andadero, no hablamos, no hace falta. Nos sabemos cerca y oímos el paso del otro, es suficiente. En ocasiones rompemos la monotonía con estupideces, paradojas inventadas o temas de cualquier cantautor o grupo de los 90, con los que escribiente se quedó anclado.
Asfalto, un pinar, Río de Rabanal Viejo, ermita del Cristo de la Vera Cruz y empezamos a subir dirección Cruz de Ferro. Nuestra acompañante, Mery Cabrera, una andaluza espectacular capaz de hacerse un triathlon con un saco a hombros, nos saca esta instantánea mitchbucanesca en un abrevadero camino de Foncebadón (Miguel lleva una dentadura postiza que se agenció en el mercadillo de Astorga):

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Casi 4 kilómetros más por carretera y arrivamos a nuestro destino no sin sufrir en el último tramo, un repecho reserio a medio camino entre la comarca de la Maragatería y el Bierzo, que ya intuiremos pronto en el horizonte.

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Foncebadón es un pueblo leonés que descansa arriba, semi-derruido. En los años 60 y 70 se quedó casi desértico porque el centenar de personas que allí resistían decidieron emigrar. Salvo 2 personas, una de ellas aquella mujer que trepó al campanario para que los incipientes saqueos no dieran cuenta de las campanas, ruidosas, fieles y únicas compañeras de aquel reducto maragato. Desde hace unos años algunos se vinieron hasta aquí para recobrar la vida al municipio y montar albergues y alguna choza. Lo demás, piedras y casas destruidas, una mezcla de Tíbet y lejano Oeste. Algunas gallinas andurrian por los verdes amarillentos al lado de cabras que mueven sus cencerros aferrándose a no desaparecer del mapa. La magia de este lugar lo hará eterno…

Queremos empaparnos de este espacio y este tiempo, ahora, aquí… en las antípodas de la vida moderna, la ostentación y las gilipolleces mundanas. En este sitio un bocadillo sabe más a bocadillo, una mancha ocupa menos en tu pantalón y una sonrisa más en tu cara…
Llegados al albergue Monte Irago, uno de esos sitios al que siempre vuelves con la mente, hacemos check-in guiados por el hostalero ex-fuerzas armadas que por fin encontró su sitio en el mundo, en el fin del mundo… Con camas adjudicadas, salimos de nuevo y nos sentamos en una mesa de la entrada. Allí descansa uno de los personajes del Camino, un mallorquín, músico del ejército, de risa contagiosa y espíritu libre que se parte con nuestros vídeos del último superviviente. Atendemos después atónitos a algo deliciosamente casual. Con ojos alegres y sonrisa, nos dice: – Conocéis al hostalero? Habéis estado ya con él?… Es acojonante. Fue compañero mío en las Fuerzas Armadas… Un día lo dejó, empacó sus bártulos y se fue en busca de la libertad que nunca tuvo… Y me lo acabo de encontrar aquí dentro, es el tipo que os acaba de dar cama… Nos quedamos callados y sentimos el aliento de la casualidad más entrañable. Volveremos a ver a este músico en pequeñas dosis, como las cosas buenas. Suerte amigo…
Este albergue tiene tienda en su planta baja y unas mesas que hacen de restaurante. Nos acomodamos en las literas y pronto bajamos a compartir comida con la troupe italiana al completo y Adrián, Marta y Flodel. La cena, ya en una pequeña estancia del restaurante, acogerá un instante memorable, de esos pocos en los que se detiene el tiempo. Alguien animó a Miguel a cantar una canción, oyendo en la sala contigua cómo alguien manoseaba una guitarra. Y la voz de Miguel empezó a sonar. Una canción de desgarro, con voz limpia y pensamiento desgarrado… El silencio que le escuchaba mandó callar a toda la sala, a toda la planta de aquel albergue de Foncebadón. Cantó sentido y se notó, se sintió. Un aplauso y risas siguieron a aquella canción, aunque todos queríamos lágrimas en los ojos, las que casi derramó mi compañero…
Este pueblo no estaba abandonado. Si alguien lo estaba, éramos nosotros. Fue precisamente él quien nos rescató…

Etapa 18: San Martín del Camino – Astorga

Martes 14 de agosto de 2012: 24,2 kilómetros de etapa asequible que arranca justo cuando el hostalero Don Isidro cumple a raja tabla su promesa y entra con ira en la habitación, vociferando. Son las 5:45 horas: – Arriba!! Arriba!!!! Os dije que os despertaría!! Ayer os reíais, eh…? Ahora me río yooo!!!! Buahjajajjaja!!! Hacía calor en el infierno… Pero una de arena se compensó con otra de cal: el sargento había hecho cafés y colacaos para todos, y el cabrón se acordaba de cada uno de nosotros, independientemente de que se le hubiera visto vagando en calzoncillos por los aledaños a las 3 de la mañana, esto es true story. Tardé un poco más que Miguel en cerrar la mochila y el hombre empezó a buscarme por el albergue mascullando mi nombre con pinta de pasar revista, hasta que topó conmigo: – Hueles eso? Lo hueles, muchacho? Colacao, hijo… Nada en el mundo huele así. Qué delicia oler colacao por la mañana… Una vez durante 12 horas estuvieron haciendo colacaos sobre una colina y cuando todo acabó, subí… No encontré ni un sólo grumo… Qué petazo a cacao con leche… Aquella colina olía a… VICTORIA.
Escupí el regaliz negro que mascaba, me sequé con la manga y farfullé: – Sin grumos debía ser Nesquik
Ya es hora de dejar este mágico albergue (llamado Vieira) para poner rumbo a lo desconocido. Es de noche y Miguel y yo salimos tras Marta y Adrián, que toman una ventaja de 3 minutos. La pierden seguidamente al entrar en uno de los bares de San Martín, donde se metieron desayunos de 17€ por barba.
Tiro suave con Miguel y contemplamos el prólogo del amanecer…

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El Camino sigue paralelo a la N-120, con gravilla a ras de suela y fresquete matutino. Maíz, vegetales, acequias y canales de riego caracterizan el paisaje. Entre tanto, Miguel alcanza a una chica. Se llama María. Es malagueña, rubia, con el cuerpo cincelado a medias maratones y siempre riendo. Miguel queda prendado por nanoquinta vez, encontrando en la inclinación atlética de la chica el máximo común denominador entre ellos, que a la postre sería el mínimo común múltiplo porque ese mismo día desapareció…
Pero aún no. Llegamos los 4 (el cuarto es madrileño, cultivado, de 50 y poco, conocido de María) a la localidad de Puente de Órbigo, que va a parar al río Órbigo, fluyendo sobre el largo y emblemático puente del Passo Honroso. Allí, hace más de cinco siglos, el caballero Suero de Quiñones decidió retar en duelo a todo aquel que quisiera pasar el puente. Así, y ofreciendo después a Santiago la gargantilla que portaba, demostraría amor a su amada. Más de un mes se tiró el colega duelo paquí duelo pallá… Al final le hirieron (normal) y empezó su peregrinación a Santiago, que a la postre cumpliría. Hoy esa gargantilla de oro reside en el relicario de la catedral de Santiago. Él regresó al pueblo a inventarse otra película del estilo..
Nos dispersamos los cuatro en el puente para sacar foto:

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Cruzando el puente llegamos a Hospital de Órbigo, pero es sólo un pueblo, no hay camillas ni enfermeras, por lo que debes posponer tu óbito.
Miguel, la rubia y el madrileño escapan raudos como si fueran a Mordor. Yo me quedó atrás y pregunto a una mujer del pueblo sobre los dos caminos que se pueden tomar desde allí para llegar a Astorga. Me contesta: – o por la nacional o coges por Villares de Órbigo y Santibáñez de Valdeiglesias. Antes de acabar lo de las iglesias ya se me ha olvidado todo y, viéndome cara de feedback, me espeta: – Cuántos años tienes? 22? Respondo (mentira): – En noviembre los cumplo… Y me uno a la plática, pensando que tiene unos 70, con un: – Y usted, cuántos tiene? 60 o así? Contesta extrañada: – Noooo, 58… (Si supiera que ya le había quitado 10…)
Tras los cúmulos de despropósitos decido tirar, otra vez solo, por estos pueblos que le he oido pero no escuchado. Pronto me uno a Marta, Adrián y Flodel, que se lo toman a sorbitos
Mientras, nos detenemos con un tierno becerro que me hubiera llevado en brazos a Santiago…

Marta y Adrián se quedan rezagados, por lo que el alemán Flodel y escribiente comienzan una conversación que arranca pueril por mi parte: – Qué piensan los alemanes de España? In crescendo vamos a parar a tópicos, típicos, tapas, política y un poco de rap. Le digo que conozco a Bushido y me dice que Sido es el que ahora lo peta. Hora y pico hablando con este tipo me doy cuenta de que merece la pena. Está abierto a conocer, no muestra prejuicios y es un cachondo mental. Reconocerás a alguien interesante cuando a su lado se te pase el tiempo volando…
Canales de riego, choperas, unas cuantas subidas y bajadas y topamos con un oasis hippie de tumbonas y el típico carrito de perritos calientes lleno de refrigerios a medio beber. Nos deseamos la paz y descansamos un rato.

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Faltan pocos kilómetros y me escapo solo dejando al alemán en manos de Marta y Adrián, que han llegado a Greenpeace. A una subida le sigue una bajada y acabo en un crucero desde el que se ve Astorga (desde un poco más adelante, chavales…):

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San Justo de la Vega, río Tuerto y río Jerga antes de llegar a una pasarela metálica sobre las vías del tren A Coruña-Palencia que las hago en modo automático, muy rápido y sin pensamiento alguno. No pienso ni en el dolor de peroneo ni en las ampollas. Entro en Asturica Augusta mientras una chica espera en la calle de arriba con unos flyers de menú del peregrino a x euros en x sitio. Cojo uno porque era guapa… Tiro parriba por la calle Perpetuo Socorro, y llego a Astorga como pidiéndolo…
La ciudad, que gusta mucho, me recibe preguntando dónde voy…

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…y con un macro-mercadillo en una de las plazas principales. Me siento en una terraza habiendo dejado la mochila en el suelo y pido una jarra con limón al camarero. De fondo, el típico barullo de frutas, alpargatas, vinagrillos y gafas de imitación que se rompe con algo espectacular en boca de uno de esos maestros zíngaros del marketing : – Oigan siñoras…, tengo bragas!!! Tengo bragas pa todos los culos!!. Entre tanto, Miguel me rescata de mi empane y me lleva al albergue de peregrinos Siervas de María. Un lujo. En la entrada hay dos ordenadores de mesa encendidos. Me faltó tiempo para poner en uno la dirección de este blog como página de entrada en el navegador. Cuando vayáis ya la habrán cambiado. Re-cambiadla si podéis…
Esa tarde eché una siesta de 4 horas, y tan solo estuve consciente para tres cosas más: 1. Cenar en la terraza del albergue con Miguel, Chiara, Mara, Fabio y Riccardo. 2. Estar fregando con Fabio y quedarnos mirando por la espalda a una chica que resultó ser nuestra querida Nerea (ver Personajes). Ella también hacía labores en la cocina. Una de ellas fue dejar prendados a ambos…
Y 3) De nuevo en mi litera a punto de dormir, empiezo a escuchar Paquito Chocolatero proveniente de la calle… Y pienso: seguramente también lo hará con Nesquik…

Etapa 17: León – San Martín del Camino

Lunes 13 de agosto: cada mañana haces check out en un sitio distinto, viviendo diferentes vidas de personas diferentes. Cada jornada puedes re-inventarte y ser quien quieras, incluso tú mismo. Esta mañana decidimos ser nosotros y pronto nos damos cuenta de ello al saquear el mostrador de bollería del día anterior que expone el único bar que hay debajo de nuestro hostal de León. – Qué hay… Dos colacaos, uno de ellos templao. Tienes bollos, por favor?Sí, no los veis aquí delante..? (Error) – Nos pones todosCómo? (Con sonrisa altiva) – Sí. Todos. Para comer aquí. (Nos hubiéramos comido el mostrador. Ese día no tuvo más bollos. Fue personal). Hablamos de 2 colacaos grumosos de medio litro y 7 bollos rellenos de crema, chocolate y otros aditivos descubiertos por el hombre. Todo eso, pero pa 2. – Ah…, la cuenta también para llevar, que no nos apetece comérnosla aquí… Miguel escapa dopado de azúcares y yo me quedo remolón buscando pepitas de chocolate en mi jersey verde que no llego a ingerir porque estaba saciado. Me quedo escribiendo unas líneas del diario que al final del Camino nos intercambiaremos, y salgo a la hora y poco…
Vago 10 minutos por León como echándola de menos antes de haberla dejado y me cruzo con el medieval hostal de San Marcos, antiguo hospital de peregrinos reconvertido en Parador de Turismo a las órdenes del siglo XXI…
Ya casca lorenzo y voy abandonando la ciudad con zapatilla y sandalia en pies, gorra saharaui y mi dignidad, que empieza a sudar. Véase herida de mojón (Nájera) en peroné izquierdo.

Atravieso el puente sobre el río Bernesga y continúo por Quevedo, que ya me saca de la ciudad. Lo siguiente es Trobajo del Camino y un polígono industrial. Cómo nos gustan los polígonos. Un día fueron gratis y encargaron 10.000. – Por favor, poned la mitad de ellos en el Camino de Santiago, gracias…De nada, la factura a qué nombre?Santiago mismo…
Voy jodido de lo mío, pero adelanto a lo Zatopek a tres niñas de 20 años que quedan prendadas de mis gemelos tostados a fuego lento en Palencia. Entro en Virgen del Camino, casi a 8 kilómetros y bifurcada por una nacional concurrida, pero necesito parar ya. Pregunto a una pareja sentada en parada de bús dónde puedo caerme muerto por esos lares. Me recomiendan un garito cercano y allí que voy. Subo cuatro escaleras y entro. – Hola, hace bocadillos?De qué lo quieres?De qué puede ser?Depende, de qué lo quieres?… El bucle de 15 minutos llega a su fin cuando introduzco la variable -Lomo..? El hombre máquina: – Lomo queso, lomo beicon, lomo pimientos, lomo lomo?. – Póngame un sandwich vegetal
Lo devoro en la terraza junto a dos camioneros que me miran como queriendo sacarme a bailar y me abro…
Llamo a Miguel, que ya está enfilando el final de etapa, y le pregunto dónde está. Él me responde: – Enfilando el final de etapa. Hoy va de bucles…
Tiro a rodar hacia Valverde de la Virgen y San Miguel del Camino con estas bucólicas vistas:

Seguidamente tengo un chispazo de libertad a lo Gladiator y decido acariciar con la palma de mi mano izquierda una bonita vegetación a mi paso por esos socarrales. Eran ortigas…
Continuo mi aventura en solitario al lado de una carretera nacional y un paisaje de páramos y arbolado inconexo, hasta que enfilo tras dejar Villadangos del Páramo, una recta apocalíptica de casi 4 kilómetros al lado de un canal de riego. Cuando es recto, es malo. Parece que sí, pero no. Son decepciones ópticas. Y si llevas sandalia y zapatilla, acompañadas de ampollas, peor. Más vale que llevo la mano raspada de libertad

Llego al albergue de San Martín del Camino y allí encuentro a Miguel sobre una toalla departiendo con Chiara, como queriéndose cortar las uñas mutuamente. Interrumpo sus trapecismos con mi jadeo cansado y mi aspersor sudoríparo para sentenciar inteligente: – Ya hemos llegao….
Albergue Vieira se llama, antes del pueblo y su depósito de agua Star Trek…

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La Señora Carmina y el Señor Isidro regentan el albergue. Ella lleva los pantalones y él la falda, aunque a la noche se la quita para pasearse semidesnudo por los aledaños, en un pronto sicótico-tarzanesco.
Hasta las 21:30 no se puede cargar el móvil en las habitaciones porque el gasto acumulado podría dejarles en bancarrota a ellos y sin luz a Futurama. El mostrador principal exhibe latas y yogures vacíos que muestran su precio a boli sobre papeles adheridos con celo. Alguna lata ya es blanca por efecto invernadero. Hay una vintage de Seven-Up…
A la noche se juntó en la terraza lo más granado del panorama alberguístico para jugar al juego de cartas de moda: el asesino. No hubo desperdicio. Chiara, la modélica italiana de aspavientos y pelo corto rizado fue la mejor asesina. Lo había hecho antes… Mara, el Cansado de Faemino que también mató bien, sin rastro. Marta, madrileña pilla y guapa, se marcó dos guiños al policía destacables. Adrián, showman de falsa seriedad que siempre tenía el 5 y ponía cara de policía. Flodel, típico alemán que habla como el típico español, genuino y tronchante, al que siempre le tocó la puta.
Tras horas de juego, queríamos más. No eran las cartas, ni las cervezas… Fue estar allí, en aquella mesa y en aquel momento, con esas personas, mirándonos en silencio y fingiendo que seguíamos jugando cuando lo que hacíamos era estrujar ese instante y que durara para siempre…

Etapa 16: El Burgo Ranero – León

Domingo 12 de agosto: Escribiente: – Tengo el tobillo de un elefante. Ha debido cambiármelo esta noche… Miguel: – A mí se me están desgastando las piernas. Cuando llegue a Madrid voy a ser Torrebruno… Gag surrealista éste mientras pasamos a orillas de la laguna y vamos abandonando El Burgo Ranero sin ver una rana. Nos adelanta el hombre del sprint de ayer que se parecía a Toni Genil, evidentemente sin esgrimir mueca y sin desearnos Buen Camino. Me hubiera ahogado en la laguna. Despacio. Riendo…
A 20 metros por delante vemos a una pareja de dos personas, uno de los entes con sombrero, deduciendo que son Eva y Rosi. Eso es, son. Las llevaremos de seguidillas durante casi toda la etapa, con conversaciones picantes a veces y somnolientas otras.
Una planicie de 10 ó 12 kilómetros con vías de tren a derecha y campos a izquierda está afilando sus cantos rodados cocinando una venganza sobre mi pie izquierdo por algo que debí hacer en otra etapa… Las ampollas, aunque tratadas y protegidas, me provocan una quemazón hiriente. Mi extremidad inferior, con armadura de calcetín y sandalia, lucha ayudada por un decidido orgullo más grande que la sala en la que escribo. Tenemos otra arma: música. Clásica. Un abanico de las mejores piezas que ha creado el hombre. Las 4 estaciones de Vivaldi, el aria Reina de la Noche de Mozart, la Radetzky March de Strauss… nos llenan el pecho de insignias invisibles de coraje y placidez. Nos podrían haber cortado un dedo y escupido sin recibir respuesta. Erguidos, fuertes y silenciosos continuamos llevados por una fuerza superior infranqueable, inoculada por la música clásica y diseminada por algo que llamamos VICTORIA…
Llegamos a Reliegos, localidad en cuyos aledaños impactó un meteorito en 1947. La tierra era tan dura que rebotó y marchó por donde había venido, sin pasar por Palencia.
Conocemos entonces a Chiara y Mara (ver Personajes), dos italianas que tímidas se despiden pero serán acompañantes a partir de ese día. Desayunamos vehementes con Eva y Rosi, pero cada uno en una mesa, como protegiendo nuestras posesiones. Tanto ahínco le pongo al emparedado de huevo que explota la yema, ejecutando a cámara lenta una perfecta parábola en el aire con destino mi pantalón. La prenda, tras ser limpiada con servilleta de bar, queda pegada a mi pierna incluso permeando parte de ese denso naranja. La experiencia es religiosa. Tras acabar con toda la repostería y bocatería de Reliegos, salgo andando ya solo…
Abandonando el pueblo me topo con un jinete y su caballo que trotan en dirección contraria. El tipo se ha calzao Roma-Santiago en caballo y ahora está regresando a Italia. Sí. A pelo, y sin montura. Su animal llegará siendo un pony, y él, un trasero-paellera…
De Reliegos a Mansilla, la legua bien medida“. Y es que esa es la distancia que hay entre ambas. Legua que se me hace de viaje submarino. Villamoros de Mansilla toca ahora, y su puente de Villarente sobre el río Porma. Una leyenda envuelve este mágico lugar, una verdadera historia de amor que hubiérais querido vivir y aún estáis a tiempo de hacerla posible. Distinta en tiempo y lugar, o al menos en pensamiento, pero podéis. Poded
Otros 12 kilómetros nos aguardan hasta llegar a los 37 y pico que marca León, por los que vamos dejando varias localidades que ya plantan maíz y son antesala de gran urbe. Nos cuesta llegar a la ciudad como los pañales, mucho.
En el Bar-Restaurante-Camas Casablanca, cuya localización no recuerdo, hacemos una parada y charlamos un rato con la providencia y el destino, que compartían conversación y un Aquarius. Casualmente la hostalera-camarera-deejay pincha todos los días música clásica hasta las 12 de la mañana, por lo que disfrutamos de un refrigerio en su terraza escuchando movimientos y sonatas de los mismos superhombres que nos habían acompañado en la primera recta infernal. Le digo a la dueña que Radetzky March llega a conmoverme y asiente sonriente mientras sube el volumen de Beethoven…

Catedral de León

Viandas, jolgorio, la escuadra azzurra y unos mojitos nos acompañaron en una tarde leonesa espectacular que quedará en el recuerdo. Esta etapa, por todo, ya es un clásico

Viandas en León

Etapa 15: Terradillos de los Templarios – El Burgo Ranero

Sábado 11 de agosto. Mis dos Salomon de ciento y pico machacantes tienen sendos agujeros en la parte de los talones como dos ayuntamientos cualesquiera. Mis pies planos empujan a mis tobillos hacia los interiores destrozando tela, corchopan y sintéticos hasta chocar con el plastidecor de protección. Ayer la hospitalera me proporcionó cinta aislante para tapar los agujeros, como en otro ayuntamiento…
Nos despertamos y salimos a un exterior del albergue y, sentados en sillas de plástico de bareto, abro una lata de mejillones que localizo en el fondo de armario de mi mochila. Cuán pocos caben y qué bien entran por la mañana. El día aún no ha levantado la persiana y dejamos Terradillos. La siguiente localidad es Moratinos y, la última palentina, San Nicolás del Real Camino. La Palencia Fashion Week termina con 7 heridos y 3 traslados…
Palencia se resiste estoica con un último mojón. En segundo plano, ya ruge el León

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Una explanada nos conduce a cruzar un puente de piedra sobre el río Valderabuey y la ermita de la Virgen (sorprendentemente) del Puente. Por allí hay mucho calvo…

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Después llegaremos a la mudéjar Sahagún. No penséis que dejada Palencia, León es Disneyworld…

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Lo siguiente será Bercianos y perdernos otros 6 kilómetros, que nos salió totalmente gratis… Un andador matutino hiper-bronceado y sin camiseta nos indica el camino correcto antes de desaparecer. Por fin llegamos a las inmediaciones de El Burgo Ranero, por las que pasan trenes en alguna de sus tres vías que se plantan delante de nosotros. Digamos que cruzarlas a pie supone recorrer 40 metros entre piedras y metal, justo lo que mide el túnel antes de ver la luz cuando mueres… Somos tres: Miguel, Evan (ver Personajes) y escribiente. El primero se viene arriba con un: -Bah! Esto está tirao, las pasamos corriendo… (blanco y en botella). Cocodrilo Dandy se atreve con un módico: – Pasamos y, si viene el tren, nos tumbamos en la vía y que nos pase por encima, como en las pelis de Steven Seagal (eso es, sin un poco de dificultad qué sería el Camino). Un encendido debate ocupó el tiempo hasta llegar a la primera vía. Escribiente, totalmente fuera de sí aportó entonces una tercera, frívola y arriesgada opción: cruzar las vías por el puente que estaba a 10 metros de nosotros. Indiana Jones y Steven Seagal se citaron allí esa misma tarde…
Entrando al pueblo visualizamos varios carteles que rezan: Fiestas El Burgo Ranero: 10, 11 y 12 de agosto, donde se citó lo más granado de la localidad y el concejo. Dj Tiesto no pudo acudir al final porque le salió otro bolo en Terradillos…
A pesar de esto, El Burgo Ranero (también alimentado por su nomenclatura divertida) constituyó desde entonces leitmotiv de jolgorio y bienaventuranza. Todo era posible en El Burgo, incluso uno de los ocasos más bonitos que se pueden contemplar en España y parte de Palencia. Allí estabamos a orillas de la laguna Manzana, con golondrinas volando bajo y silencio. Cualquier palabra hubiera quedado banal contemplando la espectacular paleta que alguien de arriba quiso pintar…

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Pero antes de aquello hubo que albergarse. A 50 metros del albergue, contemplando la llegada de una pareja 10 metros antes que nosotros, tiro de broma y simulo esprintar 5 metros para llegar antes que ellos… Cuando el muchacho, calcao a Toni Genil, ve mi estratagema, hace un símil y se calza un sprint de 100 metros hasta la puerta del albergue, pero él iba muy en serio. Creo que llevaba dorsal SPAR. Hizo 9,82 y Bolt se retorció en el Olimpo. Toni no volvió a dirigirme la palabra por intentar arrebatarle el oro en esta clásica de El Burgo Ranero.
La cena corrió a cargo de Evan, que cocinó unos caimanes que atrapó en la laguna. Algunos se fueron a la fiesta del frontón y otros nos quedamos a dormir. Uno de los primeros llegó a las 4 al albergue y se puso a roncar como un búfalo. Tuvimos que hacerle un exorcismo…
El Burgo Ranero, hubo de todo menos ranas…

Etapa 14: Carrión de los Condes – Terradillos de los Templarios

Viernes 10 de agosto. Trayecto de 26,6 kilómetros como nuestro encefalograma: plano. Carrión nos despide de noche, con el Monasterio de San Zoilo y el puente sobre el río Carrión. Un cartel nos indica que sólo faltan 455 km a meta…

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… antes de que atisbemos el sol que nos machacará después:

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La ampolla de mi pie izquierdo se ha reproducido por esporas y ya son 3 ó 4. Eso hace que desde
Carrión de los Condes (y así será alguna etapa más) y hasta Terradillos tenga que ir con chancla en ese pie para evitar rozaduras extra. Así que pululo por mitad de Palencia con una de cada, en un alago de clase sinvergüenza. Ahora sí, bienvenidos a la Palencia Fashion Week. En la imagen, sofisticada combinación de Salomon azul y negra con ribetes de charol y sandalia free summer de cachemir con suela de poliestileno grecorromano…

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A la pata coja me veo inmerso en la Vía Aquitana, una calzada romana que unía Burdeos con Astorga en una macroconstrucción de polvo y canto rodado. Pasan peregrinos aprovechando mi pájara. Los palos de marcha hacen su función más que nunca. Me veo casi sostenido en el aire tirando de brazos y juramentos. A la vía romana le sigue la Cañada Real Leonesa. Después del lunes vuelve a ser lunes…
Hasta el kilómetro 17 no hay atisbo de actividad neuronal, propia ni ajena. Los walking death se suceden en un panorama desolador bajo 35 grados largos de horno solar. Llego a Calzadilla de la Cueza y más tarde paso cerca de Ledigos, esto es real. Por fin alcanzo Terradillos de los Templarios, pero no al pueblo, sino que paro en el primer albergue que aparece a la izquierda y donde Miguel ya espera. Tarde insípida de lavado de ropas y noche de cartas con unos cuantos peregrinos que han logrado sobrevivir. Un burrito solitario que estaba tras la verja del albergue mirando hacia un campo, puso la nota bonita a una etapa amarilla y fea…

Etapa 13: Frómista – Carrión de los Condes

Esta etapa va dedicada a un navarro-palentino más hermano que amigo llamado Raúl Fernández.
Jueves 9 de agosto. Hoy toca descansar y nos despachamos con una plácida Frómista-Carrión de los Condes, con apenas 20 kilómetros, que para Ironman y Capitán América es pan comido.
Dejamos el albergue y pronto me quedo sólo. Me siento en un banco para ponerme esparadrapo en una ampolla del tamaño de Camerún que ha aparecido en mi talón de Aquiles izquierdo y será mi punto débil los próximos días. Logro coger pronto a Miguel y Asier para encarar la salida de Frómista, pasando dos rotondas y un puente sobre carretera. Ya juntos vamos a enfilar un andadero larguísimo con pares de mojones simétricamente dispuestos de forma periódica. Que la línea recta sea el camino más corto entre dos puntos, en esta ocasión es falso. Esto es un día sin pan. Y sin embargo, hay tiempo para marcarse un baile de mediocre ejecución y notables ganas…

El andadero continua y vamos dejando localidades a nuestro paso (Población de Campos, Revenga de Campos y Villarmentero de Campos). Siempre campos, lo que venimos diciendo. Aunque paradójico, rompemos la monotonía con Villalcázar de Sirga.
En el trayecto conocemos a Eva y Rosi (ver Personajes), que serán acompañantes las próximas etapas. Ellas han decidido hacer el Camino para encontrarse porque no se dieron cuenta de que iban juntas…
Los mojones tocan a su fin y llegamos a Carrión de los Condes con ira y rabia:

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Tanta que me marco unas paralelas en mojón con bella estética…

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El albergue de la congregación de
Santa Clara nos da cobijo esa noche: todo misticismo y buen hacer en una habitación de 3×3 metros por 1,90 de alto. Si saltas ahí dentro, tu cabeza atravesaría el adobe del techo y estarías saludando a Sor Piedad que afanosa estaría rezando en el segundo piso. Seguidamente serías invitado a dejar la congregación, Carrión y Palencia. Andando.
Esa tarde, en un rato que dispongo a mi discreción, me marco una visita a la Iglesia de Santiago, que dispone una exposición de pintura, escultura y atuendos religiosos. Me recojo un poco y disfruto. – Disculpe señorita (tiene unos 70), puedo subir al campanario?Claro – Cuántos escalones tiene? – 66 – Mal número, no..?
Los subo y llego, sin pisar caca de paloma, a las campanas que ponen música a esa histórica ciudad.

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La exposición la observo en contrapicado:

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Antes de recogernos, 4 cervezas en lata y trascendental conversación con Eva, Rosi y Miguel al amparo del convento. Para estas cosas aquí se coge buen wifi

Etapa 12: Hontanas – Frómista

Miércoles 8 de agosto. 34,2 kilómetros entre Hontanas (Burgos) y Frómista (Palencia). Esta va a doler…
Desayunamos en el albergue lo que le compramos al dependiente-deejay del día anterior y echamos café/bollo que entraba en el pack peregrino del albergue. Unos últimos piropos a la camarera que cuidó nuestro vino: -Te llevaba en brazos a Santiago, fenómena…, y dejamos Hontanas, que rápidamente lleva a una recta de fresnos sobre carretera. No hay arcén. Burgos se va despidiendo con inquina. Canciones flamencas y matutinas de Miguel nos acompañan. Si Burgos pone carretera, nosotros la manta…
Llegamos pronto a las ruinas del convento de San Antón, que lo atravesamos por sus tripas y sus arcos. Lo mandó construir Fernandito VII en el siglo 12 para tratar gangrenados por el hongo del centeno. Ellos no lo sabían y le daban al cereal sin piedad. En una cavidad de la piedra los peregrinos han ido dejando sus plegarias, euromillones y tickets del super para contar con el apoyo del santo…

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Nos hacemos fuertes saliendo de este bello punto del Camino y proseguimos hasta el último reducto de Burgos en nuestra aventura (Castrojeriz) antes de entrar en la provincia de Palencia y su Palencia Fashion Week.

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Lo que viene ahora es tela, muy fina y sin arrugas. El Teso de los Mostelares, hito imborrable del Camino, en el que subes de los 777 a los 917 metros de altitud, con una pendiente media del 11%. Para los de letras: una cuesta infernal. Alguno sigue escalándola. La subimos a lo Pantani y la acabamos pidiendo la hora. Victoriosos arriba, aún tenemos tiempo para dejar nuestra impronta en un gran mural: “Miguel y Jorge hoyaron cima el 8 de agosto de 2012”. Prueba de que no fenecimos.

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Ante nosotros la Tierra de Campos, el granero de España, una superficie infinita de campos de cereal sin paradas de autobús ni tickets de la hora. Si no te encuentras a tí mismo aquí, no debes estar en tu cuerpo. Hay mucho cereal, mucho. Kellogs está pensando en traer su central por estos lares. Son 17 kilómetros de nada. Nada en el sentido La Historia Interminable. De hecho se rodó aquí. Atreyu era un campesino y Artax su tractocarro.
Aquí puedes imaginar cualquier lienzo y pintarlo mentalmente en esta tábula rasa. También aquí se rodó el capítulo 3 de la segunda temporada de Walking Death. Los peregrinos arrastran sus cuerpos mientras el sol perfora tu gorra a traición, por la espalda. Vamos al oeste, él ataca por el este, y es implacable. Nos dicen que por zonas aledañas rondan ambulancias en días de calor. Por un momento pensé en auto-sincoparme.
Al fondo del túnel aparece la luz, transfigurada en la Fuente del Piojo. Hay que hacer cola para coger sombra. Todo el mundo es vampiro allí…
Y ante nosotros, el Pisuerga, que por lo menos nos da luz verde.

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Y por fin entramos en Palencia.

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Palencia es como una tostada: marrón-amarillenta, plana, condenadamente tórrida y te la comes por la mañana. Cuando mueres, o vas al cielo o vas a Palencia. Tus pies se deshacen como margarina, pero después no hay mermelada.
Los campos de trigo segados y las pacas juegan al tetris en campos infinitos. Nadie ha conseguido llegar al otro lado, Palencia tiene trillones de kilómetros. Una vez alguien casi la cruzó y murió; como en vida había sido malo, se quedó en Palencia.

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Hablemos de los bicigrinos. Son peregrinos a dos, tres o cuatro ruedas, que te pasan a 40 por hora y te desean Buen Camino. Desde tu Fiesta saludas al A3 con ira y rabia. Pero cómo debe chupar ese cacharro…
Itero de la Vega es la primera palentina del Camino, después Boadilla del Camino, que nos recibe tras recorrer un trozo paralelos al Canal de Castilla. Más Canal y llegamos a Frómista, con su iglesia románica de San Martín, la arquitectura perfecta y armoniosa.

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Es famosa por ser probablemente la pieza románica más importante de la arquitectura en España. Por dentro la abarcas físicamente pero no en espíritu, que conecta con otro mundo…

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En Frómista volvemos a topar con Antolín, que tiene el don de la ubicuidad (estaba a la vez en Carrión de los Condes).
Tras varias jornadas sin saber de sus huesos, volvemos a coincidir con Asier (nuestro primer compañero en Saint Jean), que viendo nuestros pies con sandalias se arranca con un: “Qué calcetines más guapos, no?

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Compartimos vivencias de estos días separados y me escapo a la tienda E.Ruiz, que es alimentación, tabacos, perfumería y mercería. Podría haber sido casino y piscifactoría con un cartel más grande…

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Volvemos al albergue (La Estrella del Camino) para descansar y continuar palenciando al día siguiente. Lo veis? Sí que ha dolido…