Etapa 16: El Burgo Ranero – León

Domingo 12 de agosto: Escribiente: – Tengo el tobillo de un elefante. Ha debido cambiármelo esta noche… Miguel: – A mí se me están desgastando las piernas. Cuando llegue a Madrid voy a ser Torrebruno… Gag surrealista éste mientras pasamos a orillas de la laguna y vamos abandonando El Burgo Ranero sin ver una rana. Nos adelanta el hombre del sprint de ayer que se parecía a Toni Genil, evidentemente sin esgrimir mueca y sin desearnos Buen Camino. Me hubiera ahogado en la laguna. Despacio. Riendo…
A 20 metros por delante vemos a una pareja de dos personas, uno de los entes con sombrero, deduciendo que son Eva y Rosi. Eso es, son. Las llevaremos de seguidillas durante casi toda la etapa, con conversaciones picantes a veces y somnolientas otras.
Una planicie de 10 ó 12 kilómetros con vías de tren a derecha y campos a izquierda está afilando sus cantos rodados cocinando una venganza sobre mi pie izquierdo por algo que debí hacer en otra etapa… Las ampollas, aunque tratadas y protegidas, me provocan una quemazón hiriente. Mi extremidad inferior, con armadura de calcetín y sandalia, lucha ayudada por un decidido orgullo más grande que la sala en la que escribo. Tenemos otra arma: música. Clásica. Un abanico de las mejores piezas que ha creado el hombre. Las 4 estaciones de Vivaldi, el aria Reina de la Noche de Mozart, la Radetzky March de Strauss… nos llenan el pecho de insignias invisibles de coraje y placidez. Nos podrían haber cortado un dedo y escupido sin recibir respuesta. Erguidos, fuertes y silenciosos continuamos llevados por una fuerza superior infranqueable, inoculada por la música clásica y diseminada por algo que llamamos VICTORIA…
Llegamos a Reliegos, localidad en cuyos aledaños impactó un meteorito en 1947. La tierra era tan dura que rebotó y marchó por donde había venido, sin pasar por Palencia.
Conocemos entonces a Chiara y Mara (ver Personajes), dos italianas que tímidas se despiden pero serán acompañantes a partir de ese día. Desayunamos vehementes con Eva y Rosi, pero cada uno en una mesa, como protegiendo nuestras posesiones. Tanto ahínco le pongo al emparedado de huevo que explota la yema, ejecutando a cámara lenta una perfecta parábola en el aire con destino mi pantalón. La prenda, tras ser limpiada con servilleta de bar, queda pegada a mi pierna incluso permeando parte de ese denso naranja. La experiencia es religiosa. Tras acabar con toda la repostería y bocatería de Reliegos, salgo andando ya solo…
Abandonando el pueblo me topo con un jinete y su caballo que trotan en dirección contraria. El tipo se ha calzao Roma-Santiago en caballo y ahora está regresando a Italia. Sí. A pelo, y sin montura. Su animal llegará siendo un pony, y él, un trasero-paellera…
De Reliegos a Mansilla, la legua bien medida“. Y es que esa es la distancia que hay entre ambas. Legua que se me hace de viaje submarino. Villamoros de Mansilla toca ahora, y su puente de Villarente sobre el río Porma. Una leyenda envuelve este mágico lugar, una verdadera historia de amor que hubiérais querido vivir y aún estáis a tiempo de hacerla posible. Distinta en tiempo y lugar, o al menos en pensamiento, pero podéis. Poded
Otros 12 kilómetros nos aguardan hasta llegar a los 37 y pico que marca León, por los que vamos dejando varias localidades que ya plantan maíz y son antesala de gran urbe. Nos cuesta llegar a la ciudad como los pañales, mucho.
En el Bar-Restaurante-Camas Casablanca, cuya localización no recuerdo, hacemos una parada y charlamos un rato con la providencia y el destino, que compartían conversación y un Aquarius. Casualmente la hostalera-camarera-deejay pincha todos los días música clásica hasta las 12 de la mañana, por lo que disfrutamos de un refrigerio en su terraza escuchando movimientos y sonatas de los mismos superhombres que nos habían acompañado en la primera recta infernal. Le digo a la dueña que Radetzky March llega a conmoverme y asiente sonriente mientras sube el volumen de Beethoven…

Catedral de León

Viandas, jolgorio, la escuadra azzurra y unos mojitos nos acompañaron en una tarde leonesa espectacular que quedará en el recuerdo. Esta etapa, por todo, ya es un clásico

Viandas en León

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