Etapa 18: San Martín del Camino – Astorga

Martes 14 de agosto de 2012: 24,2 kilómetros de etapa asequible que arranca justo cuando el hostalero Don Isidro cumple a raja tabla su promesa y entra con ira en la habitación, vociferando. Son las 5:45 horas: – Arriba!! Arriba!!!! Os dije que os despertaría!! Ayer os reíais, eh…? Ahora me río yooo!!!! Buahjajajjaja!!! Hacía calor en el infierno… Pero una de arena se compensó con otra de cal: el sargento había hecho cafés y colacaos para todos, y el cabrón se acordaba de cada uno de nosotros, independientemente de que se le hubiera visto vagando en calzoncillos por los aledaños a las 3 de la mañana, esto es true story. Tardé un poco más que Miguel en cerrar la mochila y el hombre empezó a buscarme por el albergue mascullando mi nombre con pinta de pasar revista, hasta que topó conmigo: – Hueles eso? Lo hueles, muchacho? Colacao, hijo… Nada en el mundo huele así. Qué delicia oler colacao por la mañana… Una vez durante 12 horas estuvieron haciendo colacaos sobre una colina y cuando todo acabó, subí… No encontré ni un sólo grumo… Qué petazo a cacao con leche… Aquella colina olía a… VICTORIA.
Escupí el regaliz negro que mascaba, me sequé con la manga y farfullé: – Sin grumos debía ser Nesquik
Ya es hora de dejar este mágico albergue (llamado Vieira) para poner rumbo a lo desconocido. Es de noche y Miguel y yo salimos tras Marta y Adrián, que toman una ventaja de 3 minutos. La pierden seguidamente al entrar en uno de los bares de San Martín, donde se metieron desayunos de 17€ por barba.
Tiro suave con Miguel y contemplamos el prólogo del amanecer…

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El Camino sigue paralelo a la N-120, con gravilla a ras de suela y fresquete matutino. Maíz, vegetales, acequias y canales de riego caracterizan el paisaje. Entre tanto, Miguel alcanza a una chica. Se llama María. Es malagueña, rubia, con el cuerpo cincelado a medias maratones y siempre riendo. Miguel queda prendado por nanoquinta vez, encontrando en la inclinación atlética de la chica el máximo común denominador entre ellos, que a la postre sería el mínimo común múltiplo porque ese mismo día desapareció…
Pero aún no. Llegamos los 4 (el cuarto es madrileño, cultivado, de 50 y poco, conocido de María) a la localidad de Puente de Órbigo, que va a parar al río Órbigo, fluyendo sobre el largo y emblemático puente del Passo Honroso. Allí, hace más de cinco siglos, el caballero Suero de Quiñones decidió retar en duelo a todo aquel que quisiera pasar el puente. Así, y ofreciendo después a Santiago la gargantilla que portaba, demostraría amor a su amada. Más de un mes se tiró el colega duelo paquí duelo pallá… Al final le hirieron (normal) y empezó su peregrinación a Santiago, que a la postre cumpliría. Hoy esa gargantilla de oro reside en el relicario de la catedral de Santiago. Él regresó al pueblo a inventarse otra película del estilo..
Nos dispersamos los cuatro en el puente para sacar foto:

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Cruzando el puente llegamos a Hospital de Órbigo, pero es sólo un pueblo, no hay camillas ni enfermeras, por lo que debes posponer tu óbito.
Miguel, la rubia y el madrileño escapan raudos como si fueran a Mordor. Yo me quedó atrás y pregunto a una mujer del pueblo sobre los dos caminos que se pueden tomar desde allí para llegar a Astorga. Me contesta: – o por la nacional o coges por Villares de Órbigo y Santibáñez de Valdeiglesias. Antes de acabar lo de las iglesias ya se me ha olvidado todo y, viéndome cara de feedback, me espeta: – Cuántos años tienes? 22? Respondo (mentira): – En noviembre los cumplo… Y me uno a la plática, pensando que tiene unos 70, con un: – Y usted, cuántos tiene? 60 o así? Contesta extrañada: – Noooo, 58… (Si supiera que ya le había quitado 10…)
Tras los cúmulos de despropósitos decido tirar, otra vez solo, por estos pueblos que le he oido pero no escuchado. Pronto me uno a Marta, Adrián y Flodel, que se lo toman a sorbitos
Mientras, nos detenemos con un tierno becerro que me hubiera llevado en brazos a Santiago…

Marta y Adrián se quedan rezagados, por lo que el alemán Flodel y escribiente comienzan una conversación que arranca pueril por mi parte: – Qué piensan los alemanes de España? In crescendo vamos a parar a tópicos, típicos, tapas, política y un poco de rap. Le digo que conozco a Bushido y me dice que Sido es el que ahora lo peta. Hora y pico hablando con este tipo me doy cuenta de que merece la pena. Está abierto a conocer, no muestra prejuicios y es un cachondo mental. Reconocerás a alguien interesante cuando a su lado se te pase el tiempo volando…
Canales de riego, choperas, unas cuantas subidas y bajadas y topamos con un oasis hippie de tumbonas y el típico carrito de perritos calientes lleno de refrigerios a medio beber. Nos deseamos la paz y descansamos un rato.

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Faltan pocos kilómetros y me escapo solo dejando al alemán en manos de Marta y Adrián, que han llegado a Greenpeace. A una subida le sigue una bajada y acabo en un crucero desde el que se ve Astorga (desde un poco más adelante, chavales…):

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San Justo de la Vega, río Tuerto y río Jerga antes de llegar a una pasarela metálica sobre las vías del tren A Coruña-Palencia que las hago en modo automático, muy rápido y sin pensamiento alguno. No pienso ni en el dolor de peroneo ni en las ampollas. Entro en Asturica Augusta mientras una chica espera en la calle de arriba con unos flyers de menú del peregrino a x euros en x sitio. Cojo uno porque era guapa… Tiro parriba por la calle Perpetuo Socorro, y llego a Astorga como pidiéndolo…
La ciudad, que gusta mucho, me recibe preguntando dónde voy…

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…y con un macro-mercadillo en una de las plazas principales. Me siento en una terraza habiendo dejado la mochila en el suelo y pido una jarra con limón al camarero. De fondo, el típico barullo de frutas, alpargatas, vinagrillos y gafas de imitación que se rompe con algo espectacular en boca de uno de esos maestros zíngaros del marketing : – Oigan siñoras…, tengo bragas!!! Tengo bragas pa todos los culos!!. Entre tanto, Miguel me rescata de mi empane y me lleva al albergue de peregrinos Siervas de María. Un lujo. En la entrada hay dos ordenadores de mesa encendidos. Me faltó tiempo para poner en uno la dirección de este blog como página de entrada en el navegador. Cuando vayáis ya la habrán cambiado. Re-cambiadla si podéis…
Esa tarde eché una siesta de 4 horas, y tan solo estuve consciente para tres cosas más: 1. Cenar en la terraza del albergue con Miguel, Chiara, Mara, Fabio y Riccardo. 2. Estar fregando con Fabio y quedarnos mirando por la espalda a una chica que resultó ser nuestra querida Nerea (ver Personajes). Ella también hacía labores en la cocina. Una de ellas fue dejar prendados a ambos…
Y 3) De nuevo en mi litera a punto de dormir, empiezo a escuchar Paquito Chocolatero proveniente de la calle… Y pienso: seguramente también lo hará con Nesquik…

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2 pensamientos en “Etapa 18: San Martín del Camino – Astorga

  1. Pau dice:

    Muy bonito y entretenido el relato, cada día que pasa son mas grandes las ganas de emprender el CAMINO.

    • bienvestidoyenmilexus dice:

      Muchas gracias Paula!! Te animamos a que lo hagas. Mira, los próximos días vamos a subir las siguientes etapas para animarte más si cabe. Estamos en contacto por aquí!!! Un abrazo!!!;)

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