Etapa 11: Burgos – Hontanas

Martes 7 de agosto: dormir en hostal te concede la licencia de hacerte el sueco un poco más en la cama. Esa licencia caduca a las 9 en punto. Desayunamos tostadas doble m: mantequilla/mermelada, que siguen existiendo, colacaos y una pila de bollitos que yacen en un bol conversando con sus grasas saturadas. No estamos para remilgos. Aún así, tiro de elitismo y me tomo un zumo en el bar aledaño. Tras el exceso, asimos el berenjenal de bridas, correas, tubos y arneses de nuestras mochilas y salimos rápidos dirección la catedral para dejar Burgos. Una señora, con baguette y zapatillas de casa nos adula: – qué rápido vais, seguro que sois atletas… Nosotros: -sí, de tiburón…
Última foto a la mastodóntica catedral de Burgos antes de dejar la ciudad:

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Nos cuesta dejar la ciudad, y no hablo de sentimentalismos. Cruzamos el río Arlanzón y un vivero forestal denominado Los Guindales. Un vivero a estas horas entra bien como un polvorón. Tardajos es la siguiente localidad que atravesamos, después Rabé de las Calzadas. Esto es la meseta castellana: campos de trigo sin trigo, pacas, sudor, caca de oveja, tiempo para replanteos y tu sombra, que no es alargada.

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Tras dejarnos los meniscos en la cuesta de Matamulos, nos arrastramos hasta Hornillos del Camino, donde hacemos parada programada. Entramos en la tienda-bar-recambio de neumáticos Km.469 donde su dueña, Victoria, nos aprovisiona con buen trato y papeo. En la pared de la tienda están pegados en un mural un increíble número de billetes extranjeros que van dejando los no foráneos a su paso por el centro comercial de 3×5 metros. También hay fotos de peregrinos, por lo que instamos a Victoria a que nos saque una. Ella no quiere salir porque nosotros somos los importantes. No se había maquillao… Tras el objetivo, nos hace esta instantánea. Nótese mi primer y último afeitado del Camino. Miguel ya parece Eugenio…

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Y como hasta ahora no nos habíamos hecho con la concha santiaguera, la adquirimos aquí. Yo con cuerda amarilla y Miguel con roja, que representaban nuestras barras de fuerza en esos momentos…
Dejamos a Victoria y su museo y salimos a la batalla castellana de nuevo. Sólo montones de piedras que van quitando los agricultores y dejando a los lados del camino son los acompañantes de viaje. Así se alza la Cruz de Santiago:

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Tras 60 minutos más de izquierda-derecha en modo automático, no llegamos a ningún lado. Hontanas no está en el mapa. Alguien la está arrastrando con caballos para regocijo de los pilgrims que por allí vagamos. Si en esa próxima loma no la vemos, la gente empezará a decir tacos…
Y ahí estaba, agazapada como felino en un socavón de meteorito. Hontanas, de fontana, era antiguamente saqueada por los lobos; esta vez sí: los de La Bamba.

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Llegamos al albergue El Puntido, un lujo en el trato, y desempacamos. Un saludo a la mueta de la barra del bar, que nos acomodó notable alto, transformado en sobresaliente al acceder a guardarnos en cámara una botella de tinto rioja que venía taladrando la espalda de Miguel durante dos etapas. Fresco que no frío lo beberíamos esta noche. Hoy vamos a darnos un festín, hoy cocinamos. Apelamos a nuestros instintos culinarios más evolucionados y nos marcamos un bocata de beicon-queso que es más fácil saltarlo… La materia prima la cogimos en la tienda del albergue, en la que el dependiente bailaba al son cantaditas mix del verano. Le dijimos si podíamos llevar el saco a esa tienda para dormir dentro con esa música, a lo que respondió no en un perfecto burgalés. Lo dicho, bocata y vino recuperado fresco de la cámara…
A.J. de los Backstreet Boys enseña bocata a cámara. Después se arrancaría con el As long as you love me, que recibió aplausos y abucheos por igual de la parroquia alberguística.

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Lavamos nuestros harapos y tendemos. Miguel se sincera sobre su vida y el mundo, monólogo que escudriño atento mientras me calzo el bocata y lo bajo con vino. Con todo dicho y arreglado el mundo, nos vamos a dormir. Ah! Recoger la ropa; queremos ir cucos por la pasarela burgalesa, la más larga del mundo después de la Palencia Fashion Week que nos espera en ná…

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Etapa 10: Villafranca Montes de Oca – Burgos

Lunes 6 de agosto. Ni empezamos la etapa en Belorado ni la acabamos en Agés como dóciles comemanuales, sino que tiramos de épica con una ambiciosa Villafranca Montes de Oca-Burgos como férreos outsiders. Muchas veces no sabemos de qué estamos hablando. Son 35 kilómetros del ala, saliendo a las 5 y pico y con el moco helao. Desayunamos algo con el que pone las calles y salimos face to face a la batalla (ya sin la selección italiana, que son eliminadas del Camino por amañar etapas). Hace rasca y mi jersey verde a rayas feo es menos feo y más verde, aunque siga oliendo a corzo. El jabón de lagarto con el que lo lavo huele más a lagarto que a jabón. Y he llegado a ponerme calcetines sucios más limpios que los calcetines limpios…
Dejamos el espectacular albergue y damos de cara con una gruta tenebrosa que además asciende y se pierde en lo que viene siendo el infierno. Yo voy delante con los palos en guardia y Miguel se pega a mi espalda como tatuaje. Al final del repecho llegamos a un claro iluminado por la luna. Hablamos de un posible ataque de lobos que no se produce. Estamos en los Montes de Oca, cerca de la Sierra de la Demanda. 12 kilómetros de sierra (Monte de la Pedraja) sin bares invitan a ir preparados con víveres y acuosos. Los robles, enebros y brezos nos acompañan en el ascenso hasta un repetidor, hasta un repetidor…
Después llegamos a uno de los hitos de la etapa: el monumento a los caídos durante la Guerra Civil española (1936). Nos detenemos y honramos su memoria en silencio y leyendo unos versos de Miguel Hernández que constan en el monolito.

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Los siguientes kilómetros los ocupa una interminable pista forestal entre pinos, algo así como un cortafuegos que atraviesa la parte alta del monte. En mitad de la andada vemos en medio de nuestro camino un corzo detenido, que nos mira y piensa: no os queda nada… Sale rápido y se mete al pinar. Al llegar a la altura que lo vimos, me detengo y escudriño entre los árboles. Consigo verlo de nuevo. Está vez piensa: ya os queda menos, pero yo me piro que esos palos igual llevan gatillo… Desaparece para siempre y le deseamos suerte.
El Monasterio de San Juan de Ortega es lo siguiente que encuentra el peregrino. El bueno del burgalés Juan de Ortega era el becario del riojano Domingo García, alias Santo Domingo de la Calzada y un mecenas del Camino. Juanito se dedicó a construir templos a cascoporro, como la iglesia de San Nicolás, en la que hay un capitel románico iluminado sólo por el sol a través de una ventana ojival en fecha de equinoccio: 20 de marzo y 22 de septiembre, cuando me pasan el seguro del coche.
El enésimo pinar nos conduce a la burgalesa Agés. Al poco tiempo llegamos a Atapuerca, una isla en el océano del tiempo, como la definen los sabios. Los descubrimientos en este conjunto permiten trazar la vida prehistórica de hace 1,2 millones de años. Aquel homo antecessor vivía en cuevas, era caníbal y celebraba ritos funerarios. Nos detenemos a las puertas y sacamos una foto (soy el de naranja):

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Apenas vemos atapuerquinos en la localidad, pero sí a la benemérita que ha instalado un radar fijo en el arcén de la carretera que parte el pueblo en dos. Bajamos la velocidad a 50 al llegar a él y les guiñamos un ojo. No pasó nadie más por allí hasta el jueves…
Abandonados nuestros antepasados subimos una loma salpicada de piedras de kilo y medio con una alambrada Salvad al soldado Ryan a la izquierda. Es el perímetro de una zona militar, ya que las vacas no necesitan tanta parafernalia. El sol es gratis a estas horas y puedes repetir… En lo alto nos espera esta cruz que nos enseña el camino:

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Unos metros después nos encontramos con un paisaje diseñado por extraterrestres: piedras perfectamente colocadas en círculos concéntricos. Nos marcamos una de petanca y echamos foto:

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A la bajada tenemos dos opciones: tomar la vía hacia Villafría o por Castañares. Comienza entonces un encendido debate, hacemos un análisis DAFO de ambas y les medimos la tensión. Optamos por Villafría, que igual tiene piscina…
Tras 300 kilómetros andando llegamos al área de influencia de Burgos, un polígono industrial que alberga en fila a todas las empresas de España. Paramos en un hotel a la entrada y preguntamos al barman si la leyenda urbana del bús que pasa por ahí hasta el centro es cierta. Lo es, cada media hora no es tan leyenda. Nos montamos y al pasar a la altura de Dani (un catalán que conocimos hace tiempo y estaba inmerso en ese poligoneo), nos agachamos como con resorte para que no vea nuestra treta. Los del bús piensan que jugamos al ya llegó el verano, ya llegó la fruta y se agachan sonrientes. Cuando el bús hace la parada final, un sonoro aplauso colma el autocar…
La catedral de Burgos es lo más del gótico español, más que los encueraos
Nos hospedamos en el hostal Jacobeo, donde recibimos buen trato, desayuno y wifi (TDW), como el Golf.
A la tarde damos una vuelta por la ciudad, unas cervezas dan una vuelta por nuestros gaznates y pronto a dormir. Ese pronto de la noche fue secundado por un tarde a la mañana. Cuando cada cierto tiempo coges hostal, eres libre y vas al baño como en tu casa…

Etapa 9: Grañón – Villafranca Montes de Oca

5 de agosto. Tardíos y descansados nos levantamos en la casa rural de Grañón y hoy toca entrar en la provincia de Burgos, cerca de Australia… Me toca tirar de andiamos con la otra italiana, el galgo de Bekele, que mucho gorro Richard Attenborough pero luego: parole parole. Miguel, que solía ser mi compañero, escapa raudo tras el dulce perfume de Nápoles…
A 2 kilómetros de Grañón, entre chopos, por fin entramos en Castilla La Mancha, a través de Burgos, luego Palencia y por último León, la Trinidad y Tobago rompepiernas…
Pueblos burgaleses como Redecilla del Camino, Castildelgado o Vitoria de Rioja son andados sin prisa pero sin pausa entre auto-instantáneas a lo Rambo.

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Villamayor del Río y pista asfaltada junto a la nacional nos arrastran hasta Belorado. Allí nos dan la bienvenida un albergue y una lluvia. Del primero, cabe destacar su pasta aguada, su vino de brick y la antipatía de la casera. Tras invitar a irnos, vamos los 4 en grupeto, que pronto se dispersa en goteo. La lluvia fue circunstancial, pero implica ponerte el chubasquero de pesca extrema… El río Tirón, que no consigue trasladarnos su fuerza, se abandona al salir de Belorado. Vamos dejando una orda de pueblos (Tosantos, Villambistia y Espinosa del Camino) y arrivamos cansados a Villafranca Montes de Oca. De aquí hasta la siguiente señal de vida inteligente hay 3 horas, por lo que decidimos echar noche en uno de sus albergues, con un trato excelente, dormir en cama y un menú de peregrinos excelso y asequible. Sigo receloso de La Rioja y me calzo unas patatas muy serias:

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Lo aderezamos con un vino de la casa aceptable y una conversación mediocre. Miramos a otra mesa del salón-comedor y cómo no, topamos de nuevo con el incombustible Antolín (ver Personajes). Este tío debe coger buses de etapa en etapa o levantarse a las 3 porque no es posible llevar ese tute sin triunfo…
Las camas están en una habitación larga, pero no es un barracón como otros. Hay enchufes varios para la carga del móvil. Las 4 cosas que haces al llegar a un albergue son: sellar credencial, cargar móvil, ducha y lavar ropa, necesariamente en ese orden porque si lavaras antes de ducharte todos los días llevarías algo usado. La carga del móvil es námas llegar porque si lo haces después irás a comer con un irrisorio 13% de batería.
En este albergue hay pavos:

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Hacia las 20:35 horas vamos al ultramarinos a comprar el desayuno del día siguiente. La mujerica cierra a las 20:30 y con unos pucheros nos deja pasar no sin antes ceñir el frunce.
A la noche nos reunimos unos cuantos peregrinos para divagar de ampollas y conseguimos hacer una tipología de ellas de la que no daré cuenta. Preparar mochila, rellenar agua y a dormir. En Burgos no sueñas, sólo duermes…

Etapa 8: Nájera – Santo Domingo de la Calzada (Grañón)

El día 4 de agosto me declaro independiente y hago el comienzo de etapa by my self, pero el día arranca mucho antes, justo cuando nos despertamos en Arenzana y comprobamos que el aguardiente de Arruza no era un sueño. Las legañas necesitaron reanimación. Arreglamos lo poco que habíamos desarreglado las habitaciones y la cocina (la abuela ya no frecuenta, pero por si se lo chiva la Merce) y nos vamos al bar de abajo para llamar a Transporter. Ignacio es su empresa de taxi (ITM: International Transport… Mundial), porque este tío ha llevado a 7 chinos a Alaska, les ha esperado para hacer fotos y les ha traido por el mar… Su furgo negra del equipo A es anfibia, tiene hidromasaje y un campo de fútbol sala. Le llamo al móvil y aparece con la macchina antes de colgarle. Nos saludamos efusivamente, nos dice que nos puede llevar de etapa en etapa sellando la credencial pero sin andar y departimos de esto y de lo otro hasta nuestra llegada a Nájera, donde arranca la etapa. Me bajo de la nave de Matrix, abrazamos a Inacio (los dos a la vez para poder rodear a Hulk), le digo la verdad sobre que es un tío cojonudo y siempre atento y me voy escurriendo hasta que me doy una piña con un mojón urbano en la tibia que hace que vuelva a ver el cometa Halley volando bajo como el grajo. Un dolor que te haces del cuerpo encima recorre cada poro, pero me digno a volver a agradecer a Ignacio lo de siempre: TODO. Tomamos un café de nuevo en el Naxara y Miguel se convierte en líder de la etapa pronto y sale escopeteao. Yo espero a que el sol esté en su punto exacto de cocción para empezar la etapa, ya que tengo gorra saharaui y hay que gastarla. Como perdí el saco en la etapa anterior me paso por una tienda najeriense de telas varias y pregunto si pueden coger una sábana y cosérmela a lo sarcófago. Claro que pueden. Podrían haberme fabricado una pirámide y recubrirla de pan de oro. Un cliente ya no es un cliente, son dos. La de las telas: – Tardaré 20 minutos. – Vale, pero que el pespunte quede entre el ombligo y las tetillas. – En 20 minutos la tienes. – Eres grande. Así que pasado ese tiempo ya estaba dejando la ciudad y me doy cuenta de que no llevo la sábana-sarcófago. Vuelvo y la señorita estaba con la tela fina en la calle oteando si veía a escribiente. Llego, ronda de ohhhsss, pensaba que ya no te acordabas y claro que me acordaba (sí, casi en Azofra…).
Por fin dejo Nájera y se me hace como dormir en una sábana con miel salteada con migas: incómodo. Cruzo el monasterio de Santa María la Real y saludo a una viejita sentada en un banco con el clásico riojanismo “Ehhh”, que es correspondido con: “Ehhh chiguito…”, dando un sorprendente vuelco creativo a la conversación. Parecía la centinela de aquella arquitectura, incluso con sus mismos años…
Pica en alto levemente la salida de Nájera, con canto rodado a veces y “chipi-chapas” en otras. Arcilla, tierra y pista asfaltada entre viñedos me llevan a Azofra, ciudad natal de un viejo conocido llamado Hermínio que no le veo desde antaño.

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La cruzamos y casi durante 10 kilómetros no hay pueblo habitado hasta Cirueña. El cereal roba terreno a la vid imponiendo su supremacía manchega. Ya en Cirueña, solo, paro en el bar de un club de golf que han montao. No me detengo a escrutar el tinglao porque una bebida energética renergizante discurre por mi gaznate y unos gatos se restriegan por mis piernas como pidiéndome una cita. Una alemana que vive en Alemania, morena, 50 años, pelo rizado descuidado y seria se sienta en la mesa anexa y espeta algo banal que no recuerdo. Se quedaba en ese pueblo a dormir, pero le animo a que me siga a ritmo suave y los dos llegaríamos así muy de tranqui. Tras 40 metros miro para atrás y ya está a 60 metros, cosa paradójica por otro lado, por lo que decido regresar al futuro y escaparme a mi ritmo is a dancer…
Más pista agraria de cereal y diviso Santo Domingo de la Calzada y su catedral. Ahora tocan almacenes y naves. Por fin se llega a la ciudad en la que cantó la gallina después de asada. Miguel, que ya estaba allí un poco antes, sube al podio y se enfunda el maillot de la regularidad por su incesante intento de sabotaje de las defensas de la italiana. Férrea, se resiste a claudicar como zarigüella en garaje.
Tras un receso, seguimos con la etapa, que se convierte en casi doble. Cruzamos el puente sobre el río Oja, que da nombre a esta tierra y seguimos hacia Grañón, último reducto de esta bella Comunidad. Allí nos espera Félix (ver Personajes), amigo de la familia, para bienvenirnos y hacer de Cicerone cónsul. Nos insta a echar café tras la cena y acepto.
Nos hospedamos en una casa rural limpia y cuidada de la calle principal, ya que necesitamos un poco de calma y sábanas sin aceite de
coche. En la cena bocatera del bar del pueblo nos asalta otro Félix (ver Personajes), éste habiendo librado en Bailén y aún con ganas de mambo juvenil a sus 90 y pico… Tras la cena me reúno con el primer Félix y charlamos del Camino, de este blog y de lo cotidiano. Salimos a la terraza del bar donde unos parroquianos dan la misa de las 12, pero sin ostias… No me deja pagar. Me despido afable por el recibimiento (otra vez, gracias Félix(s)) y vuelvo a la casita, con portón doble de madera que dejo abierta por decisión explícita de la casera. Dormir en cama tras etapa doble es quitar esa miel y esas migas…

Etapa 7: Logroño – Nájera (Arenzana de Abajo)

Viernes 3 de agosto: tras el concierto ronckero de esta noche, nos desvelamos definitivamente a las 5 aprox y nos ponemos en marcha. Coger las zapatillas que dejamos en un minibalcón no va a ser sencillo porque una chica duerme tapando entrada y salida. Nos jugamos quién hará de Tom
Cruise para deslizarse hasta ellas sin patear la cabeza a esa bella doncella durmiente que también roncó aquella noche como si fuera gratis. Miguel hizo los honores y las rescató sin pisarle la cabeza. Empacamos lo que quedaba, lavado de dientes express y aportación a la caja de donativos del albergue parroquial con un letrero que rezaba: deja lo que puedas y coge lo que necesites, al revés que los bancos.
Nos cuesta salir de Logroño como si fuera lunes. Llegamos al dique del embalse de la Grajera, muy romántico con reflejo de luna incluido. Y toca subida porque La Grajera pica en alto. Antes de eso, en una planicie antesala, voy solo y primero cuando varios topetazos en el suelo a unos 7 metros me dejan en el sitio. Veo 4 ó 5 jabatos que salen escopeteaos hacia una loma. Veo mi vida pasar por delante de mis ojos, que va a buen ritmo y consigue sacarme media hora a final de etapa. Ascendemos lomas rodeadas de vid hasta la cumbre, desde la que visualizas todo Logroño y la propia laguna, aunque esta foto parezca sacada de Google imágenes…

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Descendemos hacia Navarrete tras hacer una paradinha en lo alto. Pasádolo, llegamos al alto de San Antón, desde donde ya se ve la comarca del Najerilla con Nájera al fondo. Pero olvídalo, está muy lejos: línea recta hasta Nájera? No, no, que vean nuestras vides, que pa eso están…. Y son especiales; la tierra roja riojana huele diferente a cualquier otra cosa. Podría distinguir ese olor entre cientos…

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Hago este trozo en soliloquio porque Miguel se ha fugado rápido. Además pierdo el saco por el camino. Retrocedo 50 metros hasta que topo con una peregrina italiana a la que hago constar: –io he perdutto el saqui per la vereda. Tu has videre alguna cossi? Responde: –Soy de Burgos… Dónde aprendiste italiano? Respondo: –Es todo inventao. Y pienso: voy a andar 7 kilómetros de vuelta para recoger un saco que quizá ya no exista? No. Prosigo y vuelvo a adelantar a dos o tres pilgrims que preguntan si lo encontré. Respondo a todos que sí (falso), y que ya lo he metido a la mochila. Claro, un saco de medio metro ya en mi mochila, muy bien…
Y por fin llego a Nájera y me tomo una cerveza en el Naxara. Llamo a Arruza (ver Personajes), viejo amigo de Arenzana de Abajo, localidad colindante que vio pasar mi niñez montado en mountain bike. Yo, no mi niñez. Puedo saludar? Un abrazo para la prima Elisa, Leoncio, Florencio, Paquito y toda la troupe de morisca y no se dice gracias, sino muchas veces…. Arruza nos recibe siempre a lo grande, con vino, ensalada, jamón extremeño de pata larga, aguardiente y su sola presencia, que acojona. Sus manos son grandes como los guarrazos que podría pegar con ellas. Nos obliga a comer y beber de todo. Si no comes, mueres o te mata. Su insulto preferido es papamoscas y nos habla de chicas bajitas pero pequeñas, una preciosa incongruencia paradójica que hace nuestras delicias. Con este tío aprendes más que en 4 etapas del Camino. Nos enseña una botella de vino faraónica editada para conmemorar la Vuelta España que pasó por el pueblo cuando no andaba viento.

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Casi a la 1 llegamos a nuestra choza de Arenzana. Dormir en cama después de un concierto la noche anterior se agradece. Siempre he dicho que soy medio riojano medio navarro, pero estando en este pueblo olvido la segunda parte. Nájera y Arenzana, brutales…

Etapa 6: Torres del Río – Logroño

2 de agosto al alba. Dejamos el albergue de la Oca en Torres del Río y la luna nos guía durante hora y pico por los andurriales…
Contemplamos cómo arranca el día en un alto, sentados, comiendo una lata de mejillones si bien creo inventar, fruta y chocolatinas, los comodines en el Camino. Hablamos de qué bonito está el cielo. No hay nada mejor que dos tontos mirando un amanecer…
Mientras degustamos el tentempié, una rubia resuelta y risueña nos saluda, coge un poco de nuestro chocolate y sale disparada. Es Federica (ver Personajes), la napolitana de la que Miguel quedó prendado en el acto. Los 7 kilos de su mochila se transformaron en 13 por las ingentes cantidades de fichas que le metió a lo largo de la etapa. Las suficientes para que tres corros de abuelas jugaran al parchís hora y tres cuartos…
Tras viñedos, olivos y pino de repoblación llegaremos hasta Viana y su iglesia gótica de Santa María…

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Más pinos nos llevan, después de 140 y pico kilómetros por tierras navarras, al cisma con La Rioja, mi segunda tierra en invierno y la primera en verano. La italiana ya tiene casi los 13 kilos…

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El puente de piedra sobre el Ebro nos abre las puertas de Logroño, pero ya voy solo. Miguel mantiene férreas conversaciones con su homóloga italiana y el primer ministro riojano (Asier) está en una cumbre sobre materias primas con la mediadora española para la seguridad (una vasca que no va a dar su brazo a torcer. Ni su brazo ni nada…).
Escribiente llega a Rúa Vieja con sopor y se reencuentra con todos los comisarios, que presentan sus informes con el siguiente estado: stand by… Debe haber más reuniones para limar asperezas.
El grupeto ya en pelotón deja las mochilas, que parece que han sudado ellas solas también, en el albergue parroquial de la iglesia de Santiago. Toca Laurel. Champis, alpargatas, repetición de champis para los que estaban pestañeando, la mejor tortilla de Logroño, setas, navajas en la marisquería que suelo frecuentar con padre en escapadas furtivas y cazuelica de menudico: siempre bien limpio.
Nos arrancamos a capella con temas italo-españoles: Mina, Eiffel 65 con su Voglia di dance all night o el ya clásico Eros Ramazoti, o Ramazzoti o Ramazotti… Cómo se dice? No te rías!!!

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En la foto, Richard Attenborough de National Geographic, Casqueiro de Policías y Poveri, de Ricchi y Poveri.
Venidos arriba y la boca fácil volvemos a la iglesia para desmontar la mochila. Escribiente tiene la manía de deshacer el equipaje y volver a hacerlo cada jornada. Compruebo por qué diantres cada día pesa más la jodida. Y no va a ser por los regalos que os voy comprando…
Nos acomodamos en una sala larga en colchonetas. Topamos con Rocky (ver Personajes), que está afilando su cuchillo de las fuerzas armadas con las uñas de sus pies mientras lleva a sus mandíbulas medio cervatillo que cazó en Los Arcos. Este tío es un mostruo, sin n.
Los demás nos dedicamos al pan nuestro de cada día: cargar móvil, deshacernos de cascajas de las botas, averiguar si los calcetines negros que llevamos eran blancos al comienzo de etapa o eran ya negros, contar batallitas de la etapa véase he tenido que sortear tres cobras marroquíes o los manglares me envolvían por segundos. Conozco a Leire, de Pamplona, guapa y educada, a la que le endoso la dirección de este blog en un papelajo con mutuas sonrisas. Conocemos a un catalán y su novia, a un francés que ronca como un tenor y habla como soprano. Rocky ya tiene todo afilado.
La cena es muy de convivencias: todo petete a las 19:30 a una salita con cocina, charla técnica del párroco traducida al inglés por un colega intérprete y a comer no sin antes bendecir la mesa con un Padre Nuestro. Con el Amén empieza una cena comunal de unas 40 personas, muy santiaguera y con ensalada, cocido y sandía de postre. Después todos cruzamos un pasadizo de ultratumba para acceder a la iglesia y ejecutar rezos en diferentes idiomas. Después sellado de credencial. No antes, el marketing de Dios es todopoderoso…
Última salida antes de dormir y ya estamos preparados para la sesión filarmónica de la orquesta franco-española de ronquido en Do Mayor. Bella ejecución de la dupla de tenores que nos deleitó con el Segundo Movimiento para Piano y Ronquido Leonado. El francés supo acompañar la pieza con silbido asimétrico pero rítmico. La sala se puso en pie mientras dos espontáneos corrían con sogas en dirección de los artistas. La gente sacó pañuelos y nadie pudo dormir… Logroño, ciudad de vino y libretos…

Etapa 5: Estella – Torres del Río

5:45 horas del miércoles 1 de agosto. Suena la alarma del móvil y retozo 5 minutos antes de sentarme en la litera para deslizarme fuera. Fuera es 32 centímetros, la distancia entre los dedos de los pies y la pata asesina de la litera de al lado.
El albergue municipal de Estella nos despide a oscuras y apenas 3 ó 4 personas de aquellas literas se ponen en marcha. Somos cacos que salen de una joyería o una de Oceans
Saliendo de Estella cruzamos Ayegui y continuamos sin parar en la fuente del vino o el Monasterio de Irache: seguimos poniendo las calles…
Llegamos al Hotel Irache, donde tomamos el buffet con hambre voraz. El hotelero nos apuntó en la lista para no dejarnos volver…
Villamayor de Monjardín y tierras aledañas son pasto de viñedo navarro, que nos distrae ya con el sol a 45 grados (de inclinación, esto no es Palencia).
Hora larga después arrivamos a Los Arcos, cuyo chiringuito sírvase usted mismo de la entrada invita a hacer las delicias. Hablamos de esto y de lo otro con otros peregrinos y bicigrinos. Al lado del avituallamiento hay una granjita con unos animales fieros…

Tiernos y balados cruzamos la histórica Los Arcos. Al final, tras Sansol, llegamos a Torres del Río tras sudar tinta al final de etapa. Escribiente es tête de la course, que se toma un medio con limón mientras espera al pelotón.
El albergue de esta localidad es una grata sorpresa: Pata de la Oca, con piscina, billar, futbolín, un trocito de paraíso a las puertas de La Rioja. Lavamos la ropa, y en ese lapsus conocemos a los hermanos guipuzcoanos (ver Personajes), muy vascos y nobles valga la redundancia… Nos divertimos y planeamos volver a vernos, pero aún no…

Etapa 4: Puente la Reina – Estella

31 de julio: cerramos julio con una etapa de 22 kilómetros que se iba a hacer dura porque lorenzo se puso las pilas. Abandonado el albergue de Carlos Jean y dejado el puente a la siniestra, continuamos por un par de pueblos hasta divisar Cirauqui entre cereal y viñedos, con cuestas ya en el pueblo que nos hicieron sudar tinta dejando nuestra impronta. Como debió sudar una belga a lo Tomb Rayder, que más que andar trepaba por las callejuelas de aquel pueblo cuasimedieval. Un “Hi, how do you do?” que fue correspondido con una mirada letal de quien se sabe superior. No sé si dijo algo porque llevaba un cuchillo de las fuerzas especiales entre sus molares.
Calzada romana, viaducto del canal de Alloz, Lorca, Villatuerta y bodegas minimalistas de buen vino navarro a los lados nos acompañaban. Y el sol empezaba a cascar. El río Ega nos condujo a Estella, que parecía París no por la luz sino por lo lejos.
Calle Curtidores nos guió hasta el albergue municipal de peregrinos. Sellado y subida al barracón de literas dispuesto en el primer piso. Siempre en litera inferior porque sueño y me caigo. Tumbado en ella contemplas los pelos de cabello largo de mujer u hombre tarzanesco atrapados entre los muelles: esto es que se sueña mucho con despertares turbulentos de levantar tronco 90 grados, o que ahí ha habido batallas… Tras quitar tres o cuatro con una bolsa de plástico a lo recogida de popó de perro porque casi llegaban a tocar mi cama, ducha. Dos en el baño, compartidas con todo petete, pero con concierto: 2 chicos y luego 2 chicas. Esperé turno y compartí baño con un vasco cuarentón que departió tras la barrera que separaba las duchas sobre su peregrinación. Le oí pero no le escuché. Me concentré en ducharme a plazos por la gelidez extrema de la poca agua que caía de aquella alcachofa vintage: enjabonado total y aclarado por 5€.
A la tarde fuimos a Urgencias porque Miguel tenía dolores en su tobillo y supo más que el médico de guardia.
Miguel: “tengo una distensión y contractura metatarsiana y metafísica en el tobillo”. Médico de guardia: “y qué crees que te darías?”. En ese momento Miguel empezó a oscultar al médico y le recetó unas vacaciones…
Cena en terraza y vuelta al barracón de la Chaqueta Metálica.
Este…lla!!!!

Etapa 3: Pamplona – Puente La Reina

El lunes 30 de julio la tercera etapa nos despierta así: -Chicos, soy Pamplona-Puente La Reina. Mucho sueño pa un adulto. La sierra del Perdón la tengo calentita. Venís o llamo a la UCI?
Claro que nos levantamos, y pronto. Antes del alba estábamos recogiendo dos bocatas que madre había preparado y sacando las últimas cascajas que quedaban en las botas. Nos despedimos de la villa con la dignidad con la que se despiden los grandes: -Esperemos que no nos tengáis que recoger de aquí a 50 metros…
Cruzamos Burlada, el pueblo de mi abuela (la del rosario) y seguimos la senda del río Arga hasta plantarnos delante del portal de Francia, la antesala de Pampelune. Quizá por conocerla un poco más, no nos detuvimos mucho, aunque merece la pena recorrer sus empedrados históricos, su bullicio de pinchos y vinos y su gente abierta a pesar de los clichés…
En la capi conocimos a Antolín (uno de nuestros “Personajes”) que nos acompañaría durante mucho Camino, como Pruden a Indurain. Abandonada la Ciudadela y la zona universitaria, me topé con Swann, una francesa que empezaba la ruta en Pamplona y perderíamos en la misma etapa.
Cizur nos avisó de que venían curvas y ante nosotros se alzó el Perdón. Panorama negro como el sobaco de un grillo con una subida progresiva terca y con algún repecho enemigo. Arriba respiras, contemplas las estatuas de la evolución del Camino y te sueltas la melena con los aerogeneradores y su zumbido abejero. Bajas una pendiente que los médicos desaconsejan tras las comidas. Mucha piedra suelta incómoda que testea tus tobillos. La francesa ya se ha perdido…
Pasamos una serie de pueblos y llegamos a Obanos, cisma de los caminos de Somport y Francia. Seguimos por la vega del río Robo y pasamos al lado de huerticas bien cuidadas por hortelanos de bien para llegar a Puente La Reina.
Nos hospedamos en un albergue-ciudad de vacaciones al otro lado del puente, con piscina y cachondeo, como refiere la foto

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Chapuzón en la piscina y la enésima historia de amor de Miguel con la francesa, que logró no sucumbir a los descensos mortales del Perdón y alcanzar al grupeto. Toalling en la litera, masajes, allez les bleus, fraternité, esos rollos patrios y vete a a tu cama que me das calor. Habrá más Miguel…
Cena con Asier en escapada de cobertura en Puente centro, con vino tinto de postín y amables gags verdes entre risas, sonrisas y dientes rojos…, cuya siguiente instantánea da fe de eio:

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Recomendable albergue éste, dirigido por un tipo aire Carlos Jean (pinchaba con la ensalada mixta y el pollo con patatas) su ya clásico Face to face the people of the rasta.
Etapa dura por llegar de una doble rompepiernas hasta Pamplona. El Perdón te redime de tus pecados como el Padrino, pero te llama a filas como Tío Sam…

Etapa 2: Roncesvalles – Pamplona

Domingo 29: bienvenidos al infierno. Roncesvalles – Pamplona del tirón, etapa doble, dura y sin cortes publicitarios. De 6am a 6pm. 10 horas de bajadas, subidas y bajadas que nos desquiciaron por momentos y nos descojonaron por otros. La cosa empezó regulera ya en el albergue con nuestro riojano (litera superior) y lo que él llama “respirar fuerte”. Respirar fuerte? Un perro respira fuerte… A éste se le descosió el saco…
A las 6 menos algo cruzábamos la señal “Santiago de Compostela 790 km”, y unos metros después otra que rezaba: “Marte, tres años luz”. El cartel de Marte no, en el otro, esperaba apostado el cura de Roncesvalles, de pie y con alzacuellos corporativo, para despedir a los peregrinos. A alguno le dio la extrema unción…
Tras una gruta timbartoniana, pasamos la
Cruz de peregrinos con niebla y fresco, para llegar a Burguete, una de esas localidades con gente de mofletes rojos. Comimos un poco de ese chorizo al vacío Larragueta que aportó la abuela a la causa para cruzar ese pueblo acostumbrado a nieve y leña. Por un camino flanqueado por pastos de rumiantes llegaremos a las proximidades de Espinal…

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…, llamada la siberia navarra porque incluso en verano es craso error salir sin rebequica.
Bizkarreta, Lintzoain y gravilla para ascender a otra grata sorpresa que es el Alto de Erro, hermano pequeño de los montes pirenaicos pero bastante ciclado para su edad. El sol empieza a golpear por detrás y la subida se hace ardua, el semillaneo requiere tirar de galones y la bajada, de tobillos. El alto de Erro es como el miércoles, en ná es viernes, pero hoy es miércoles
Abajo espera el puente de la Rabia (gran acierto) y la entrada a Zubiri. Allí conocimos a Antolín, por goteo. Escribiente llegó primero y estableció contacto, Asier se vino arriba con un qué buena está la camarera y Miguel se quedó un rato más con el Alto de Erro, hablando de esto y de lo otro. Sellito en Zubiri y carril.
Lo del sol, sí: siempre te golpea a traición, por la espalda. El astro sale por el oeste y se pone por el lugar al que nos dirigimos, así que gorra modo Sáhara ON es imperativo.
De Zubiri a Villava 3 hitos marcan la ruta: puente de Iroz, donde caribeños con gorra y tirantes escuchan donomares a través de las ventanillas bajadas de sus Hyundais. El segundo es un momento crítico de la etapa: señal de 3 km a Villava, que fueron como 7… El apuntador debía ser de letras… Tercero y último: la Trinidad de Arre llega tras un repecho antipático tras 30 y pico kilómetros de yerba y sudor. La tresena se sienta en la Trinidad exhausta, pero ya en casa. Atravesamos Villava dignos y hambrientos: son las 5 de la tarde y la madre nos recibe con una suculenta comida que devoramos. Seur nos mandó nuestros pies por correo urgente horas después…

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